Carpeta Amarilla

El hombre 10/10

Julio 1, 2019 por

“Dos palabras para ti, y eso es todo. Me gustas. Mucho, demasiado; no sé qué hacer con ese sentimiento. Me gustas de una forma muy estúpida, incluso cuando sé que no vamos a ninguna parte.”

¡Hola, carpetitas! ¿Hace cuánto que no nos hablamos así, de tú a tú? Bastante, creo. Más de lo que debería ser. Lo sé, lo sé. Sucede que hace algunos meses que me había estado costando escribir. Entonces, he estado aprovechando esos escasos momentos de dedos ligeros para sacar uno que otro cuentito por ahí. Les dejé uno hace poco por acá, la semana pasada. Llévame contigo. Léanlo, si gustan. Es como una especie de metáfora de lo que hoy voy a contarles en este post.

A ver, sí. Se lo están imaginando bien. Si leyeron la frase inicial de este post, ya saben por donde va la cosa. Hace un par de meses conocí a alguien, y puedo decirles que ese alguien es… ¿cómo decirlo? Especial. Sí, es especial. Pero no sólo es especial por quien es y por cómo es, que eso ya de por sí lo hace especial. Sino que es, además, especial en una forma en que yo pensé que no era posible que fuese real. Que era una ilusión.

¿Les parece si les cuento la historia completa?

Tinder Game

Sé que muchas personas no piensan muy bien acerca de esto. Sé, además, que posiblemente no es una de las actividades que alguien cuya relación larga ha terminado hace poco debería hacer. Sin embargo, lo hice. Y no me arrepiento ni siquiera un poco de ello. Comencé —recomencé, en realidad— a usar Tinder.

Aunque no lo crean, he tenido buenas experiencias con la aplicación. Nada sexual ni necesariamente romántico, debo decir. Yo lo resumiría en una lista:

  1. Conocí hombres simpáticos.
  2. Conocí hombres.
  3. Conocí gente.
  4. Aprendí a hablar con hombres.

Bien, para entender un poco de qué va todo esto, deben saber que yo tengo un problema. No sé porqué, pero me cuesta mucho hablar con la gente. Especialmente con los hombres. No sé, me dan un poco de miedo. Creo. Siempre estoy pensando que cosas malas van a pasar cuando hablo con hombres. ¿Y si me pongo nerviosa y digo una estupidez? ¿Y si resulto aburrida o no atractiva? En fin, pendejadas.

El punto es que, gracias a esta aplicación —que básicamente está hecha para eso: hablar con hombres— tuve la oportunidad de practicar un poco. Y como ya saben, la práctica hace al maestro…

…bien, digamos que sigo en la fase de estudiante, pero ajá. El punto es que comencé a hablar con hombres. Algunos de ellos se han hecho mis amigos. Otros, no sé ni siquiera si siguen en el país o si se casaron. Tampoco me importa demasiado.

Usé Tinder por primera vez hace más de dos años, poco antes de entrar en mi primera relación… con un hombre que ya conocía desde hacía mucho tiempo, quiero agregar —¿salir con hombres te hace atractiva para otros hombres? Uhm—. En aquella oportunidad sólo salí con uno de mis matches, y la cosa no tardó en fluir.

So sexy.

Bien, dos años de experiencia en relaciones amorosas después, volví al dating game, auspiciado por Tinder. Me sorprendió darme cuenta de lo distinta que era como mujer en todo el asunto. Más desenvuelta, más descarada… aunque todavía con 0% de habilidades de coqueteo —¿será una cosa de los Acuario?—. A pesar de eso, hice migas con varios de matches y me creé lo que algunas de mis amigas llaman «mi ganado»

Ganado: dícese del grupo de hombres solteros —o no— que tienen cierto interés —que puede o no ser exclusivo y/o genuino— en una misma mujer.

Fue divertido, ¿qué quieren que les diga? Tener atención es divertido. Pues, bien… entre esos candidatos hubo uno de ellos que, contrario a todo lo que yo esperaba, resultó ser el que tomó la delantera. Aquí es donde la cosa se complica.

El perfil de cotejo

Si alguna vez fuiste adolescente, es posible que hayas hecho —con mayor o menor precisión— algo como esto. Yo lo llamé «Perfil de cotejo», que no es más que una forma pretenciosa de llamar a la lista de cosas que me gustaría que mi pareja tuviese. Ya saben, esa lista de requisitos que quisieras encontrar en una persona para tener una relación amorosa.

Pueeees, mis amigas y yo hicimos estos «perfiles de cotejo» hace algunos años. Son… bastante específicos, debo decir. Y manejan una terminología bastante técnica.

Después de terminar mi relación de más de dos años, me pareció inevitable volver al tan polémico documento. A ver, a ver… ¿qué se supone que era lo que yo quería en un hombre? Me llevé una tremenda sorpresa. En vista de que mi perfil de cotejo había sido escrito hace taaaanto tiempo, esperaba que muchas cosas hubiesen cambiado. Para mi sorpresa, casi todo seguía siendo igual. Alguien divertido, seguro, familiar. Y más alto que yo, pero ajá. Modifiqué algunas cosas en cuanto a gustos musicales y decidí ser más permisiva con asuntos intelectuales. Y eso es todo.

Acotación en la historia: hice esta actualización por pura diversión. Porque mis amigas y yo estábamos juntas y decidimos leerlos. No esperaba usar este documento ni nada por el estilo… hasta que sucedió lo que sucedió, y volver a mi perfil de cotejo fue inevitable.

El hombre 10/10

¿Todavía me siguen hasta acá? ¿Recuerdan que les mencioné que uno de los candidatos de mi ganado resaltó entre los demás hasta el punto de sobrepasar a toda la competencia y dejarlos sin pie con bola? Pues, este candidato… no me llamaba demasiado la atención al principio. Comenzamos a hablar por pura casualidad: un sábado a las 7 de la mañana. ¿Quién puede estar buscando un interés romántico un sábado a las 7 de la mañana? Pues, yo.

Soy una persona que se despierta temprano. Dormir me aburre. Además, tenía que ir a clases de japonés, por lo que decidí levantarme un poquito antes para trabajar. Aprovechando que estaba en mi computadora, y que la versión para escritorio de Tinder es mucho más cómoda que la versión movil —porque la app me recalienta el teléfono as hell—, decidí revisar mis matches en uno de esos mini-breaks de trabajo que hago entre hora y hora.

Y él estaba allí. Hablamos un poquito. Cerré la aplicación e hice mis cosas. Hablamos otro poco más. Volví a cerrar la app y me fui a clases. Pasaron los días. Intercambiamos números. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Eventualmente me invitó a salir y le dije que sí. Cuando decidí hacerlo, no estaba esperando nada. No me sentía particularmente emocionada. Era más una experiencia divertida que una apuesta sentimental.

El día de la cita hice lo que me correspondía: bonito vestido, maquillaje ligero, zapatos limpios, perfume. Una señorita encantadora. Llegando al sitio de nuestro encuentro, creí verle detrás de una columna, pero… ¿realmente sería él? Estaba cabizbajo, con la cara metida en el celular.

—Finge demencia.

Y la fingí, porque es lo que mejor sé hacer. Lo llamé y le hice creer que no le veía. Le hice hacerme señas y confirmar mis sospechas.

—Mierda, es guapo —dijo la Tina de adentro a la Tina de afuera.

Tina de afuera contuvo la respiración y se aseguró de mantener ese papel de muchacha relajada y descarada. Caminamos un poco. Nos sentamos a tomar algo. Hablamos. Hablamos. Hablamos… y qué buena conversación. Qué modales, impecables. Qué sonrisa tan bonita, tan pícara. Qué dulce. Y esa forma de hablar de su familia. De los animales. De las cosas que le apasionan… oh, holly shit.

Llegué a casa sin poderlo creer todavía. Nadie me preguntó nada acerca de mi cita. Y gracias a Dios, porque no estaba muy segura de qué responder exactamente. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que es perfecto? ¿Que todo esto parece una trampa? No, no. Eso sería demasiado histérico de mi parte, siempre tratando de ver lo malo antes de lo bueno.

«Si conozco primero todas tus zonas oscuras, solo me quedarán sorpresas positivas»

Pero el buen muchacho resultó ser solo eso: un buen muchacho. Un muy buen muchacho. UN MUY BUEN MUCHACHO QUE REUNÍA UNA BUENA PARTE DE TODAS LAS COSAS QUE REALMENTE ME IMPORTABAN DE MI PERFIL DE COTEJO. ¿Ahora pueden entender mi ansiedad? ¿Cómo se supone que las cosas me salgan tan bien? ¿A mí? No, no. Algo muy malo estaba por suceder, y yo no iba a descansar hasta enterarme de qué era.

Y lo que pasó fue… que no pasó nada

Creo que no hay forma más fácil de describirlo. Nada pasó. Salimos un par de veces más, y nada pasó. Él, quizá muy desinteresado para poner en marcha su movida. Yo, muy cobarde —como siempre—, para poner en marcha la mía. Con el tiempo, pasamos de «Hablar, hablar, hablar» a sólo «hablar». Y eventualmente, a no hablar nada.

El muchacho perdió el interés poco a poco, y ustedes saben cómo soy yo de orgullosa. No me gusta sentir que pido atención. Si quieres hablarme, hazlo. Después de unos cuantos intentos, ya no me quiero seguirme sometiendo a humillaciones… ok, eso sonó mucho más dramático de lo que en realidad es. Yo lo sé. Estas cosas pasan todo el tiempo. Algo no fluye, se queda a medias.

No siento que él haya sido cruel o grosero conmigo. De hecho, hasta el final siempre fue muy educado, y eso siempre se lo voy a agradecer. Simplemente se trata de que mi ego es frágil. No puedo estar ahí yo todo el tiempo. Si el otro no va a poner de su parte, que vaya a buscar a alguien que pueda lidiar con eso. Yo no puedo.

Y sé que suena muy badass lo que dije en el párrafo anterior, pero la verdad es que estoy un poquito triste por esto, carpetitas. Lo bueno es que, en todo lo malo, siempre hay una cosa que aprender.

La moraleja de esta historia

Siempre pensé que todo lo que pedía en mi perfil de cotejo era un imposible, ¿saben? Una visión idealizada del hombre que quiero para mí. Pues, me di cuenta que no es tan… falso, después de todo. Aun si este muchacho no gustó de mí como yo esperaba, pude darme cuenta de que lo que busco sí existe. Por ahí, en alguna parte, y es emocionante pensar que mientras yo crezco y me preparo para encontrarlo, él está creciendo y preparándose también para conocerme.

No tengo porqué conformarme con menos que eso. No tengo porqué aceptar una situación o a alguien solo porque no encontraré nada mejor que esto. Soy bonita, divertida y especial. Muy especial. Encontraré a esa persona. Yo lo sé. Sólo tengo que ser paciente… aún cuando los acuario somos, por naturaleza, unos impacientes de mierda.

¿Que quieren que les diga? Al final, sigo siendo una romántica.

¿Y ustedes? ¿Tienen historias de Tinder que contar? También se valen las sagas de romance analógico. Mira que el amor está en todas partes. La caja de comentarios es a prueba de todo, y puedes contar cuanto gustes. Sin censura y sin anestesia. ¡Espero leerlos!

Comentarios:


  • Mira, si, tú eres muy linda y todo. Pero Uvita es más bonita.

    Por otro lado, me encantó.
    «Demorate un poquito más, mira que el tiempo lo que hace es endulzar y cuando llegues yo sabré amarte mejor»

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *