Carpeta Amarilla

La verdad

Mayo 21, 2019 por

«Lejos. Lejos es la palabra clave. Todo sucede a una distancia prudencial, segura. Porque cerca da miedo. Cerca es peligroso. Cerca es genuino, y asusta. Los detalles se ven. Las mentiras se notan. Y no tengo más que mentiras, y sin ellas soy nada.»

Lo escribe en un papel. Lo arruga. Lo rompe. Lo tira a la basura. Esa no es la forma de comenzar una declaración. Nadie le cree a un mentiroso. Y ella quiere, hoy sí, que le crean.

Él la mira, mientras sostiene el lápiz. Ella lo hace con tanta fuerza que sus yemas están blancas. Que sus dedos están tiesos. Qué miedo. Qué miedo. Confesar.

Él espera. Al principio, paciente. Casi compasivo. Casi culpable.

—No me odies por lo que estoy por decir, por favor —dice ella—. No me odies. Por favor, no me odies.

Odiar, ¿se puede odiar así? ¿Se puede odiar lo que no se conoce? Puede, sí. Si se puede temer, se puede odiar. Y ella no ha dicho nada, y ya se odia. Y ya siente que la odian.

Él suspira. Quiere tomar el lápiz y escribir en el papel con sus propias manos. Pero eso no se puede. Eso es trampa. Entonces, el lápiz, asfixiado, camina sobre el papel. Lo marca. Lo rompe. Ella lo hace a un lado. No se molesta en arrugarlo, no se molesta en botarlo. La hoja cae lento, a los pies de él.

Él frunce el ceño.

—No es tan difícil —dice.

¿Y lo es, en realidad? Ahí está el papel. Ahí está el lápiz. Ahí está ella, y él también. Las condiciones están dadas. Es el momento justo. Entonces, ¿lo es? ¿Es difícil? Una nueva hoja descansa frente a ella, vacía. Él se muerde el labio. Levanta una ceja. Gruñe.

—¿Qué esperas? —pregunta.

—Nada.

—¿Y?

—¿Y?

La mirada de él vuelve al papel. Ella piensa en una mentira. Comienza a escribir. Ligera. Tranquila. Ojalá la verdad fuese así. Así de fácil, así de natural. Desvía la mirada, suelta el lápiz. “Lo intenté”, piensa. Estira los dedos. Apreta los puños. Intentar no es suficiente, y en ese punto, sólo intentar es fallar.

Él toma el papel. Una vena gruesa le recorre la sien. Una gota de sudor dibuja la forma de su mentón. Todo esto es basura.

—La verdad —dice—. La verdad.

Ella lo mira, asustada. Él la mira a ella. Sus ojos están rojos, pero no es ira. No es rabia. Están rojos. Duelen. Pican. Están cansados de llorar.

—La verdad —vuelve a decir.

Una vez más. Una última plegaria. Ya es una plegaria.

Ella se levanta de la mesa, y se va.

Comentarios:


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *