Carpeta Amarilla

Fútbol, más allá del balón

Mayo 27, 2018 por

Nunca pensé que escribir sobre lo que significa el fútbol para mí iba a ser tan difícil. Supongo que pasa porque es una relación compleja. No hubo un momento en particular en el que recuerdo decir: “Oh, ahora amaré ver como 22 tipos (mujeres, también) se pasan un balón”. De hecho, cuando era más pequeña, no tenía mayor interés en el balompié que cualquier otra niña de 9 años. No estaba en mis prioridades.

Sin embargo, sí recuerdo lo feliz y lo triste que me hizo el Mundial del 2006. Sí, el fútbol es un mundo de contradicciones. Era feliz porque me hizo sentir que todo el mundo estaba pendiente de una única cosa. Y era tan especial que nos dejaban salir de clase a ver los partidos, ¡eso no pasaba nunca! Recuerdo que era emocionante sentir como la tierra temblaba cuando se docenas de personas gritaban un “¡goool!” con fiereza.

Así pelean los dos lados que me conforman

Y esa fue también la primera vez que lloré por fútbol. Porque a mí me gustaba Argentina, por puras cuestiones de la vida, y Argentina fue eliminada en cuartos de final por Alemania. En penales. Y yo solo llegué al último. Solo llegué para verlos llorar por fallar en su sueño. Y de repente yo también me sentía triste como si hubiera jugado. Y lloré un poquito. Tal vez solo boté una lágrima. Pero fue una señal de compasión. Y de amor. Esa lágrima decía: “Lo sé. Te entiendo. Estoy contigo”.

Eso es precisamente lo bonito que tiene el fútbol. Esa capacidad de hacerte pasar por la expectativa, la rabia, la decepción, la alegría, la tristeza, el éxtasis, la desesperación y la esperanza en 90 minutos o en 180. Y que, si se tiene que llegar a los penaltis, sientas que el mundo se paraliza y que el tiempo es infinito mientras el pateador y el portero están frente a frente en un duelo que parece mortal.

El fútbol se parece mucho a la vida. De hecho, me parece que como en el teatro o el cine, un partido de fútbol es una representación de ella. Hay “buenos” y hay “malos”, que varían depende del color que defiendas. Al final, ninguno es bueno ni malo; sólo se persigue un objetivo distinto. Y, al mismo tiempo, es el mismo objetivo. Marcar un gol. Celebrar. Conseguir gloria, amor, dinero, trascendencia. No siempre la batalla es limpia, no siempre el resultado es justo. Como en la vida.

Abrazarse a uno mismo

Muchas personas sienten que el fútbol saca el peor lado de las personas. Que el fútbol exalta los nacionalismos, las divisiones. Que el fútbol es violento, atropellado, de ignorantes (¡¿será que Mario Benedetti era ignorante?!). Que los futbolistas ganan demasiada plata por hacer nada, que la gente pierde demasiado tiempo precioso pendiente del fútbol en vez de pensar en los niños que se mueren de hambre, en los políticos corruptos, en las guerras, en la desigualdad, en el calentamiento global… Ay, Dios.

Y, yo me pregunto, ¿será que esta gente siempre está pendiente de los problemas del mundo? ¿Será que no se distraen con nada? ¿Será que hay una industria en el planeta en la que no haya corrupción, ignorantes, desigualdad y despilfarro? Como dije, el fútbol se parece a la vida. Y, sí. Hay violencia, estupidez, privilegio.

Pero el fútbol también es ese lugar en el que niños nacidos y criados en favelas terminan jugando en Europa e inspirando a otros niños a seguir sus sueños. El fútbol es ese espacio en el que no necesitas ser el más atlético para ser el mejor. Y también es ese lugar desde el que puedes cambiar el mundo. Y es uno de los deportes que han usado las mujeres como parte de su lucha por reivindicaciones. Pero sobre todo es ese lugar en el que siempre puedes ganar aunque no lo parezca. Aunque nadie crea en ti.

El fútbol me ha enseñado tanto. Me ha enseñado que uno puede ser el mejor pero siempre necesitas un equipo porque “el éxito del equipo es el tuyo y el tuyo es el del equipo”. Me ha enseñado que existen mil formas de ganar pero uno decide si tus principios son más importantes o no. Me ha enseñado que realmente no hay diferencia entre la derrota y la victoria porque al igual son pasajeras… Wait, eso fue el poema de Kipling en la cancha de Wimbledon. Pero sí, en el fútbol muchas cosas se olvidan. Lo importante es que corras, que seas disciplinado, que des lo mejor de ti, que creas y que trabajes duro cada día porque siempre está la posibilidad de que lo des todo y no triunfes. Sin embargo, el fútbol también me ha enseñado que siempre habrá una nueva oportunidad.

Un nuevo Mundial está a menos de 20 días. Y, debido a mi experiencia, creo que los Mundiales son las oportunidades para sentir el poder de este deporte. Si no te gusta el fútbol está bien. Todos somos diferentes. Pero cuando el balón ruede en Rusia, no luches contra él. No vale la pena. Sí, el fútbol puede ser un circo, pero como ya dije, puede ser algo más. Velo como una obra de Shakespeare, como La Ilíada de Homero. Es esa obra en la que hay drama, amor, intriga, intereses políticos, sueños, lágrimas, pero, sobre todo, en la que hay alegría. Porque ya hemos visto como gente de todo el mundo, con creencias distintas, se une por esta misma pasión.

¡Hola! Espero que te haya gustado el artículo. Si es así no te pierdas el especial del Mundial Rusia 2018, para que puedas sobrevivir a la fiesta futboleras más importante del planeta… ¡Es divertido, lo prometo!

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