Carpeta Amarilla
Cambios de look para innovar

Tengo que moverme

Abril 3, 2018 por

¿No les pasa que se hartan de ustedes mismos, que se pierden en un espiral de cosas que se repiten todos los días y, por más que lo intentan, no pueden salir de allí? O peor, ¿no les pasa que a veces, sin siquiera estar conscientes, se aferran a comodidades de ese espiral sólo por no exigirse algo mejor?

Quien lee mis dramas de vez en cuando, sabe de lo que hablo cuando digo que he estado pasando por un proceso de re-descubrimiento personal. He pasado de la rabia a la culpa, de la culpa a la frustración, de la frustración a la motivación, y creo que, finalmente, estoy haciendo avances tangibles.

Un cambio de look

Verán, ayer me corté el cabello. Lo sé, no parece nada espectacular ni un logro demasiado impresionante, pero significa mucho —muchísimo— para mí. Si me dan un chance, les explico porqué. Nunca en mi vida, nunca, me había atrevido a llevar el cabello corto. Nunca. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque soy muy boba.

Dumb por pensar ridiculeces

Desde que tengo uso de razón, siempre he pensado que soy cachetona y de cara redonda. Parte de eso es verdad. Bueno, en realidad todo acerca de eso es verdad. Soy cachetona. Tengo la cara redonda, y aunque se me hacen unos hoyuelos HERMOSOS al sonreír, no puedo negar que mi carita adorable me limita respecto a algunas cosas.

No puedo usar pollinas, por ejemplo. Mi frente es pequeña, y mi cara se ve fea cuando me las pongo. No puedo usar lentes demasiado pequeños, porque entonces mis ojos se ven chiquitos y mi nariz grande. No puedo, no puedo, no puedo… no saben cuánto odio esas palabras, y cómo odio cuando las demás personas a tu alrededor las alimentan. Sobretodo porque, casi siempre, puedes.

En fin, nunca me había atrevido a llevar el cabello corto. Sin embargo, el viernes pasado me pasó algo raro. Viendo el final de “Sora youri mo tooi basho”, un anime cortito que SIN DUDA ALGUNA recomiendo, decidí que tenía que moverme. Y no, no hablo de un viaje a la Antártida —aunque eso sería FABULOSO—. Mi idea era un poco más simple, al menos por el momento. Sólo sentí que debía moverme. Descubrir cosas. Probar cosas. Intentar cosas que nunca antes hubiese intentado. Poner a prueba mis límites.

No estaba pensando en nada drástico como mudarme de ciudad o salir corriendo desnuda por la calle. Just move. Change. Hay cosas que suenan mejor en inglés, tengo que admitirlo.

La que se la da de gringa

Y así fue como me vi a mí misma, al día siguiente, harta de llevar el cabello largo. Harta de escuchar a la gente que me dice que me voy a ver mal si lo llevo así. Harta de tener miedo de qué podría pasar. Harta de quienes insisten en que no me lo voy a cuidar, porque me va a dar flojera usar un secador de pelo o pasarme un cepillo de vez en cuando.

Puede que tengan razón. La diferencia es que ya no me importa.

Sólo quiero vivir, ¿saben? Quiero sentir que tengo 22 años y que puedo hacer lo que sea, así como cuando tenía 17. Y lo voy a hacer. Cortarme el cabello es sólo el primer paso.

Mi lado salvaje toma el control

Hace unas semanas estuve asistiendo a un terapeuta, y él me insistió un millón de veces en que toda la frustración que tengo es parte de una batalla interna: hay una parte de mi que es salvaje, que es impulsiva y creativa y no le tiene miedo a nada. Su contraparte, al contrario, le tiene miedo a todo. Lo mide y lo analiza todo, pero me mantiene a salvo y libre de cometer imprudencias. A su manera, ambas tienen cosas que aportar, pero son tan diferentes y se entienden tan mal que son incapaces de darse la mano.

Así pelean los dos lados que me conforman

Mi lado, digamos, artístico, odia a mi lado cuadrado porque siente que no lo deja expresarse. Esto, en parte, es verdad. Tengo que admitir que, no importa cuanto trate de liberarme, me cuesta mucho dejar que este lado mío tome el control. Ella está loca, para bien o para mal. Por otra parte, mi lado cuadrado siente que lo único que trata de hacer es de cuidarme. De cuidarnos, pero se vuelve loca porque igual las cosas no le salen como las mide o las planea.

Yo sé que estos lados se odian entre sí, pero necesitamos —yo necesito— que nos entendamos un poco mejor. Así que, a manera de experimento… decidí cederle el mando a mi lado loco por un tiempo. Esto no quiere decir que voy a ir a lanzarme en parapente o algo así. O no sé, quizás sí.

El reto: dar un paso todos los días

Yo me conozco. Es mentira que mañana voy a ir a buscar un pasaje de avión y me iré de viaje muy lejos. Es mentira que voy a internarme en la selva o a cambiar radicalmente mi vida, pero puedo ir poco a poco. Me basta con conocer algo nuevo todos los días. Hablar con alguien con quien no suela hablar, visitar un lugar desconocido, ver una película, escuchar una canción por primera vez, leer un cuento. Esas son cosas sencillas y que puedo hacer a diario, con constancia, para sentir que expando mi mundo todos los días.

¿Te gustaría formar parte de mi experimento personal?

Comienza a hacer cosas nuevas, aunque sean chiquitas, todos los días. Al cabo de un corto tiempo, ¡déjanos saber qué cosas has experimentado en la caja de comentarios!

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