Carpeta Amarilla

Mi resumen de fin de año 2017

Diciembre 31, 2017 por

¡Feliz Navidad, carpetitas! ¿Qué tal esas fiestas decembrinas? Hace ya bastante tiempo —un mes completo, descarada— que no nos reunimos aquí a contar algo divertido, una historia, ¡nada! Y bueno, ¿cómo huir de la responsabilidad? Lo admito, fue mi culpa. Me tomé unas vacaciones. Unas descaradas y unilateralmente declaradas vacaciones, y lo peor es que probablemente ni siquiera me disculparé. Nada que ver. Sorry, not sorry. Era lo que necesitaba.

¿Saben? Con todo esto de las resoluciones y resúmenes de año nuevo, tradición compulsiva del mes de Diciembre, yo me puse a evaluar(me) la vida, y me di cuenta que, por alguna razón que aún no identifico, dejé de trabajar por mis metas a largo plazo y me concentré exclusivamente en lo inmediato… ¡y bien por Valentina, que siempre lo logra a último minuto! ¡Bien por Valentina, que como sea entrega sus trabajos! Y bien por Valentina, que aun sacrificando el sueño y corriendo cumple lo prometido… pero estar corriendo todo el tiempo cansa, y cuando estás cansado, en lo último que quieres pensar es en lo que tienes que hacer el día siguiente.

Así que, ¡SÍ! ¡ME FUI DE VACACIONES! Me fui de vacaciones del trabajo, del blog, de mis proyectos, de mis novelas, de mis amigos, ¡de la vida! Y me dediqué por casi quince días a no hacer nada. Así es. Sólo dormir, sólo jugar, sólo comer chucherías y beber tragos improvisados con mi hermana viendo videos de Youtube o películas de Lifetime a las 2 a.m… y fue fabuloso. Me siento más descansada que nunca, casi renovada, y creo que ahora sí que seré capaz de agarrar al nuevo año 2018 por los cuernos. 

Pero antes de hablar de mis propósitos de año nuevo, dejenme contarles un poco de cómo me fue en este trágico/divertido/diferente/especial/único año 2017.

El resumen de fin de año de mi 2017

Un breve (pero sincero) resumen de mi 2017

Comencemos por decir que fue el año de los cambios. Algo así como la segunda pubertad de mi vida. Pasaron cosas maravillosas, increíbles, mágicas, especiales… y otras que espero poder olvidar. Puede que por ahí la cosa realmente no suene diferente, je. ¿Acaso es posible que 365 días no sean suficientes para una que otra experiencia buena y una que otra experiencia mala? La diferencia, creo, está en cómo esas experiencias me cambiaron: mi forma de ser, de actuar, de ver el mundo… y bueno, no me enorgullezco del todo de esta parte.

“No one stays the same” cantó Miley Cirus este año en la segunda de las canciones que anunciaron su regreso del lado oscuro. Nadie permanece igual siempre. Todo el mundo cambia. Nada es estático. Puede que el resto de la canción sea cualquier vaina para mí, pero esta frase me marcó, ¡y es que tiene tanto sentido! ¿Cómo puedes esperar ser el mismo, cuando 365 días de experiencias se han ido acumulando dentro de ti?

Hace unas semanas, una persona muy importante para mí me contó que estaba pasando por una crisis y que odiaba en la persona que se había convertido. Esa persona quería volver a ser “el yo de enero”, y yo simplemente NO PODÍA entender porqué alguien querría renunciar a tanto. No, yo no podría ser siempre la misma. No querría ser siempre la misma porque, para bien o para mal, cambiar es parte de crecer.

Así que, curiosa y ansiosa de saber qué tanto había crecido, en estos días me puse a leer una serie de cartas que me he escrito a mi misma en distintos momentos de mi vida. En esas cartas siempre suelo hablar de cosas muy puntuales: el precio del dolar, mis amores secretos/prohibidos, gustos musicales efímeros, ¡hasta de cómo ahora capaz me interesa aprender a maquillarme! Y es gracioso, porque siempre he sido tan cambiante que, de todas esas cartas, sólo hay una cosa que es realmente constante: la pasión con la que hablo de lo que me importa… y siento que ya ni eso es tan así como solía ser. Mi resumen de año nuevo me hizo darme cuenta. 

En mis cartas anteriores hablo de amor, de convertirse en la mejor escritora, de hacer amigos, de ser la mejor versión de mí misma que pueda ser… pero justo ahora, justo en este momento, algunas de esas cosas ya ni siquiera me importan mucho.

Lamento si te decepcioné, Tina de hace dos o tres años. Me gustaría que estuvieses orgullosa de lo que soy hoy, porque aún cuando no soy lo que querías, estoy contenta con muchas cosas de mí.

Ciertamente, este año no fue para dedicárselo a mis hobbies o a las artes. No me tomé mi tiempo libre para tocar la guitarra o salir con amigos. De alguna forma, sin planearlo siquiera, este fue un año capitalista. Un año para hacer dinero, para crecer como profesional, para hacer negocios y comenzar a construir mi inmensa fortuna. Pero como soy yo, y yo siempre me pongo intensa con todo, a medida que comencé a lograr más… sólo quise más. Ambición en los negocios, en la vida, como siempre. Puede, además, que las vacas flacas de la economía venezolana y mis nuevas responsabilidades en casa me hayan hecho querer ganar más dinero.

El punto es que, entre tantas responsabilidades, creo que la niña creativa y artística que vive dentro de mí comenzó a irse a otro lado de a ratos, y cuando me dí cuenta, ya se había muerto. O se había ido por completo. No lo sé, sigo queriendo averiguarlo. Sigo queriendo saber como traerla de vuelta. Lo hice: finalmente maduré, crecí, me convertí en adulto. Ugh.

Pero, ¡vamos! Quizá la madurez no sea tan mala como parece. En realidad, me siento bien con eso. Mi nueva forma de ver la vida me ha enseñado a ser un poco más egoísta: me ha hecho darme cuenta que yo también importo, y que tengo que velar más por mí y menos por los otros; me ha hecho entender que tengo que defender con más fuerza las cosas que creo, me ha hecho querer cometer mis propios errores en lugar de pedir la opinión de la gente todo el tiempo.

Y puede que eso no sea fácil, porque muchas veces se confunde con “no me importa lo que le suceda a los demás, ahora sólo me importo yo”. Mientras más acostumbras a la gente a que estarás allí sin importar nada, sin siquiera importar tú mismo o lo que quieras o lo que necesites, peor lucirás cuando decidas preocuparte un poco más por ti y menos por los otros. Me costó entender eso y aceptarlo: las personas siempre van a velar por sí mismos, por sus intereses, y a veces debes hacer lo mismo.

Encontrar el punto medio entre la solidaridad y el egoísmo no es sencillo.

Es gracioso, porque mientras más me leo, más cuenta me doy de que ya no soy esa muchachita dulce y llena de luz, incluso inocente, que solía ser… y eso me gusta. Hoy me siento en una oscura y privilegiada posición. Ya no quiero que me jodan, ya no quiero que me usen ni se aprovechen de mí. Ya no lo voy a permitir.

Pero no me malentiendan. Por todo lo que he contado, parece como si este año hubiese sido una larga y aburrida jornada de oficina con consecuencias de actitud badass. Este año he hecho MUCHAS cosas alocadas y divertidas. Me sentí como una celebridad por minutos, me acerqué a las personas de una forma más personal y real, me enamoré. Por Dios, no tienen idea de cómo me enamoré.

Siempre dicen que el primer amor es único, y yo lo he vivido de una forma tan intensa que casi parece mentira. He sido cursi, intensa, peleona, celosa, dulce… en fin, uno hace las cosas más bobas cuando se enamora, pero yo no me arrepiento de ninguna. Puede que no sea fácil, puede que de vez en cuando todo parezca oscuro, pero quiero gozar este amor a mi manera y que la felicidad me dure muchísimo tiempo. O bueno, lo que me tenga que durar.

Estar enamorada cambia todo

Lo que quiero para Año Nuevo y el 2018

Si hay algo que he aprendido este año —por las malas, desgraciadamente— es que nunca voy a lograr lo que quiero si no me enfoco en lo que realmente me importa. Aprendí que soy humana, que me agoto, y que hacer un millón de cosas no sirve de nada si no lo das todo en cada una de ellas. Decidí que es momento de dejar de repartir desesperadamente todo lo que tengo en un millón de partes, y comenzar a darle prioridad a lo que realmente quiero.

No me interesa ser modelo o alcanzar un peso que se defina únicamente con un número, quiero llegar a poder sentirme sana y satisfecha con mi cuerpo; no quiero terminar de escribir un libro, quiero crear una maravillosa obra maestra; no quiero leer todo lo que existe, quiero encontrar nuevas formas de contar historias; no quiero las mejores notas de la universidad, sólo quiero poder aprender más que nadie. Quiero crecer, florecer, ser más de que lo soy ahora.

Y sobre todo, sobre cualquier cosa que pueda mencionar ahora, quiero dejar de aplazar lo que tengo y quiero hacer usando la excusa de que no tengo tiempo para ello. Quiero dejar de sentir que sólo hablo y hablo y nunca hago nada. Y para ello, me he planteado esta estrategia para el año 2018: una pequeña tarea a la vez que me ayude a alcanzar mis metas.

Y comenzaré a hacerlo ya. Desde ahora. La prueba es que están leyendo esto. Fue la primera tarea que me propuse. Así que, necesito pedirles, carpetitas, apóyenme. Denme fuerzas, alimenten mi curiosidad, ayúdenme a crear universos e historias maravillosas, y prometo recompensarlos por ello. Después de todo, mientras más cool sea yo, más cool será este espacio.

¡Lo mejor para ustedes!

Quiero darle las gracias a un montón de gente, pero como temo olvidar a algunos individualmente, lo haré colectivo. Gracias A TODOS lo que han estado en mi 2017, incluso si los he odiado o les deseo la muerte. De corazón, quiero perdonar a todo aquel que me haya hecho daño este año. Y no porque se lo merezcan, sino porque odiarlos me impide amar con todo mi corazón las demás cosas que me hacen feliz, y no les daré el gusto de saber que me robaron lo más valioso para mí.

Quiero aprovechar este resumen de fin de año para agradecer a mis amigos por soportarme este año: sé que he sido inestable y molesta, sé que me he alejado por ratos, pero desde el fondo de mi corazón, quiero que sepan que, si les llamo amigos, es porque de verdad lo siento así. Aún si no te escribo o hablamos todos los días, aún si de vez en cuando no te saludo, me importas. Y mucho. Quiero agradecer a mi familia por estar ahí, por no separarse. Quiero agradecer a mi pareja, por impulsarme a hacer cosas nuevas y arriesgarme. No hubiese ganado tanto este año sin haber apostado todo lo que aposté. Quiero agradecer a mi abuela, por volverme loca y hacerme la vida cuadritos, pues en el fondo, aunque deteste admitirlo, aprendo mucho de ella todos los días.

Y por supuesto, ¡gracias a ustedes, carpetitas, lectores y colaboradores! Nada de esto sería posible sin este pequeñito grupo de gente cool que viene a leerme a mí y a mis amigos de tanto en tanto. Llevar Carpeta Amarilla al siguiente nivel ha sido agotador, pero he disfrutado cada paso.

Les deseo a todas las personas que amo (y odio) un Feliz Año Nuevo 2018. Espero que cada día sea mejor, que crezcan y recorran tanto como puedan, que no se dejen doblegar por nadie, que ni siquiera el cielo sea el límite, que amen con la intensidad de mil soles y que no pierdan la esperanza y la luz. ¡Un fuerte y violento abrazo virtual para tooooooooodos! Si quieres cobrar tu abrazo en persona, sólo tienes que acercarte a mí y pedirlo.

Mi regalo de año nuevo.

Sólo quería mostrarles lo que hice en mis largas vacaciones.

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