Carpeta Amarilla
Minicuento: La leyenda del iluso

La leyenda del iluso

Octubre 10, 2017 por

¡Hola, carpetitas! Sé que no suelo publicar cuentos (o minicuentos, para ser más precisos) en nuestros #MartesDePost, pero… ¡bah! Les dije que tendrían que ser un poco pacientes conmigo. Escribí este cuento en una de esas noches que me susurran cosas. En una sentada, como dicen por ahí. Creo que el sentimiento estaba muy claro para mí en ese momento. Y espero que no se me olvide, porque lo voy a necesitar para afrontar todo lo que se viene.

Por lo pronto, se los dejo. Quiéranlo, ódienlo, lo que mejor les acomode. De cualquier forma, recuerden que allá abajo tienen una cajita de comentarios preciosa, lista para ser usada.

MINICUENTO: La leyenda del iluso

El niño pensaba en eso todas las noches hasta quedarse dormido. Lo veía pasar de mil y una formas en su cabeza, como si la vida le diera la posibilidad de escoger con qué colores pintarse el futuro. Al despertar, lo repetía tres veces en voz alta. Brincaba en un pie mientras lo hacía. Alguien le dijo una vez que cuando haces cosas ridículas y visualizas las cosas que quieres, por alguna razón, suceden.

Mientras cepillaba sus dientes, mientras tomaba el desayuno, mientras caminaba a la escuela, ¡incluso en la escuela! El niño lo repetía, y cuando no podía decirlo en voz alta, lo pronunciaba muy rápido, millones de veces, en su cabeza. Lo susurraba en las palmas de sus manos, se lo contaba al viento, lo conversaba con las rocas.

El niño permaneció así por meses, y hubo quienes pensaron que perdería la cabeza. Aun así, mientras resolvía su camino a casa, el niño cantaba su deseo con los dedos cruzados y mordiéndose el labio. Con los ojos cerrados, con fe. Con esa clase de fe que debería mover las montañas, pero que en realidad no mueve nada.

Entre una cosa y otra, los meses pasaron. Y tras ellos, los años. Las décadas. El niño dejó de ser niño y fue joven, fue hombre, fue anciano. Aquello que rezaba nunca sucedió, y se perdió entre los viejos recuerdos de un pueblo que se hizo cada vez más pequeño hasta desaparecer. Los pocos que alcanzaron a conocer la tumba y la leyenda aseguran que, aun después de todo este tiempo, aún se escuchan los brincos de el niño, los murmullos del joven, los rezos del adulto y los gruñidos del anciano.

Su espíritu quedó vagando a la espera de un sueño que nunca se hizo realidad.

Por Iraima Andrade.

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