Carpeta Amarilla
CUENTO: Castigo para el cruel

Castigo para el cruel

Septiembre 28, 2017 por

Hay dos palabras para describir cómo se siente. Ninguna de las dos es bonita. La primera de ellas, por mucho, es la menos drástica.

Océano (sustantivo)
1. Masa de agua salada que cubre aproximadamente las tres cuartas partes de la superficie terrestre.
2. Cada una de las partes en que esta masa queda dividida por los continentes.

Océano, porque a la vista parece interminable y solitario y azul. Muy azul. Sobre todo, azul. Aun si pudieses caminar sobre él, no sabrías a donde ir. Y así, terminarías en el mismo sitio, mirando en todas direcciones, esperando una pequeña —pequeñita, diminuta— señal.

La segunda palabra es más oscura, menos especial. Mucho, por mucho, más fea.

Frío (adjetivo)
1. Que tiene una temperatura baja o más baja de lo que se desea, conviene o resulta agradable.
2. Que no muestra afecto, pasión o sensibilidad.

Frío del que perfora la ropa y quema los labios. Del que ennegrece la piel, y el alma. Del que lo ennegrece todo, incluso lo más cálido. Del que se siente cuando uno mismo se abraza. Del que no gusta, del que no es rico porque se puede usar bufanda y guantes y fingir que la vida es una película cliché de invierno.

Y así se siente, y asusta. Con el cielo tan cerca y tan lejos, y el corazón en la boca. Con las mentiras en la mano, y el estómago también; el corazón, en la basura. Y el orgullo, ¿dónde está el orgullo? Lejos. Con ellos dos, donde sea que estén haciendo lo que hacen mientras no estás viendo. Mientras no sabes. Mientras creen ellos que no sabes.

Pero puedes castigarlos, puedes castigarle. Mírate en el espejo, recoge tu cabello. Que tu reflejo sea el testigo de lo que lloras. Grítale, golpéale. Destroza el cristal, y que el cristal te destroce la carne. Que la sangre corra y lo ensucie todo. El dolor despierta, y hace despertar a los demás. Y así, cuando te vea allí, en el suelo, del color del papel, se arrepentirá de todos sus pecados. Y que sufra, que sufra mucho, tanto como tú. Para siempre, él. Y tú, no más. Nunca más.

Por Iraima Andrade.

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