Carpeta Amarilla
Uvita se escapa

Sí, SÍ y Sí (+ fuga canina)

Julio 17, 2017 por

Hace tres semanas compré un pasaje de avión con destino a la ciudad de Porlamar, Nueva Esparta. ¿Razón? La de siempre: extrañar. Mi mami me extrañaba, Uva extrañaba tomar sol todas las mañanas, yo extrañaba mi camita… y en ese momento, ni por asomo, sabía el problema mayúsculo en el que me estaba metiendo.

Al día siguiente, escuché hablar de algo parecido a un plebiscito:

—Tenemos el derecho de escoger
—¡Que se vaya Maduro!
—La Constituyente no va.
—¡Que se escuche la voz del pueblo!

Fino. Hasta me emocioné. Entonces alguien mencionó que era un domingo… y yo pensé: «Un momento… ¿realmente tengo tan mala suerte?». Pues sí, la tengo. Había comprado mi pasaje a Margarita para el mismo día en que se llevaría a cabo la consulta popular más esperada de los últimos tres —tensos, escabrosos, violentos, trágicos— meses.

Oh, shit

Como venezolana, tenía un deber que cumplir y un avión que abordar en la Guaira… el mismo día, ¿qué se supone que iba a hacer? Salí corriendo —en realidad, no. Sólo abrí una página web— a buscar los centros de votación de la Isla de Margarita. ¿Alguno cerca del Aeropuerto? No. ¿En la vía a mi casa? No. ¿Ceeerca de mi casa, tal vez? ¡Bingo!

Uno ubicado en la Plaza de Jorge Coll y el otro en el estacionamiento del único Farmatodo que hay en la Isla de Margarita. Entonces, este era el plan: me iría el sábado en la tarde con mi prima a la Guaira, y ella me dejaría en el Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetia en la mañana. Tomaría mi vuelo de las 2:00pm con completa tranquilidad y llegaría a Margarita a tiempo para ejercer mi derecho al voto. Pero… ¿qué pasó?

No contaba con algo obvio. Algo que nunca falta y que, aún así, se supone que no debería pasar. Al menos no todo el tiempo. Mi vuelo se retrasó… por más de una hora.

¿Por qué las cosas malas le pasan a la gente buena?

A las 2:45pm mi avión comenzó a abordar. Y sí, bueno, lo más probable era que no lo lograra. Si les soy del todo honesta, hasta me sentí estúpida, ¿quién me manda a no comprar un pasaje a las 7:00am? ¿Por qué no fui a formar problemas tan pronto como tuve la sospecha de que el vuelo se retrasaría? ¿Por qué nunca reclamamos nuestro derecho a un buen servicio?

En fin, subí a mi avión confiando en que los milagros existen… y rezándole a todos los santos que conocía para que ese avión tuviese una súper turbina o se pudiese tele-transportar a Margarita.

Sin embargo, los sueños no sirven para apresurar el paso de un avión comercial y, como todo el mundo sabe, basta y sobra que estés apurado para que cosas malas pasen a tu alrededor. No sólo me tocó sentarme al lado de un hombre de mediana edad que olía bastante mal, no sólo el aterrizaje fue uno de los peores —y más aterradores— que me ha tocado vivir, no sólo las maletas tardaron una eternidad para salir, sino que, como si todo lo anterior no hubiese sido suficiente —y súmenle el hecho que estaba apurada y estresada—, Uvita se escapó de su kennel y salió corriendo por toda la pista de aterrizaje hasta el área de espera del equipaje, donde yo estaba.

Todo el drama del viaje hizo que perdiera la noción del tiempo. Cuando finalmente salí con mis maletas y mi perrita drogada, me di cuenta de la hora: 4:49pm.

Llegué a Porlamar a las 5:10pm con la cara larga y los sentimientos encontrados. No podía evitar la felicidad de estar en casa después de un largo tiempo, pero la decepción por no haber votado opacaba al menos el 85% de esa sensación.

7 millones de votantes

Todo el día de ayer y parte del día de hoy las redes han estado llenas de deditos morados y papeletas marcadas con el “Sí, sí y sí”. Eso me complace. El hecho de que una buena parte del país haya salido a manifestar su descontento con las medidas que el gobierno quiere implementar en el país da cuenta del compromiso que todavía tiene la gente con Venezuela. Hubo una buena participación. La gente se movió a los centros, salió a votar. Que bueno. Sí, sí y sí. Pero yo, lamentablemente, fallé. Y un voto es un voto. Un voto puede hacer la diferencia, y más cuando una BUENA CANTIDAD DE GENTE asume que es «tan sólo un voto», y entonces la diferencia es mucho más abismal.

Cayó la noche y salió Cecilia Arocha, rectora de la universidad más bonita y cool que existe, la Universidad Central de Venezuela, a dar los resultados del esperado plebiscito: con un conteo del 95% de las urnas, se declaró la participación de 7.186.170 venezolanos que desaprueban la (fraudu)costituyente del (dizque)presidente Nicolás Maduro. Quizá, con un poco más de compromiso de mi parte y del resto de Venezuela, esos 7 millones pudieron haber sido 7 millones y medio… u 8, 9, 10 o incluso hasta 11. Supongo que nunca vamos a saberlo realmente.

Yo sólo quiero un final feliz

Debo darle las gracias a los venezolanos que todos los días salen a las calles a defender lo que es justo y correcto. Debo darle las gracias a todas esas personas que, en nuestro país y en todo el mundo, salieron ayer a manifestarse e hicieron que la apatía del resto de nosotros no firmara y sellara la condena del futuro de toda una nación. Quienes han salido a dar la vida y el pellejo por sus ideales hoy merecen mucho más de lo que reciben.

Yo sólo quiero que al final todo esto valga la pena.

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¡Nos leemos en el próximo post!

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