Carpeta Amarilla
Métodos anticonceptivos subcutáneos

Ahora soy un cyborg

Julio 13, 2017 por

Bip, bop, piii. Pup pup-piii-pup.

Eso, en código cyborg, significa: «Les contaré mi historia».

Así es, amigos, familia, lectores. Ahora soy casi mitad máquina. Un híbrido. El resultado de la combinación entre la carne y el metal. Una cuasi aberración de la naturaleza. Una demostración del esfuerzo que el ser humano hace para jugar a ser Dios. Me he convertido en la línea que divide a la vida y a las cafeteras, quedando más cerca de los electrodomésticos que de mis propios orígenes. Pues, sí. Tristemente, he decidido renunciar a mi humanidad para asegurar mi futuro.

Les juro que no les estoy mintiendo. Bueno, sí. Bueno, no. Sólo en la parte dramática. En realidad, sí, ahora soy un cyborg, pero mi parte biónica está muy lejos de siquiera alcanzar el 1%. No es como si ahora fuese a llevarme mejor con la licuadora de mi casa que con los otros seres humanos, pero ciertamente modifiqué mi ser para “asegurar mi futuro”. Nuevamente, insisto, sin la parte dramática.

Mi 1% de robot

Como todos saben, ya sea que vivan en Venezuela o en el exterior, mi país sufre una fuerte crisis de escasez de lo que sea. Les juro que no estoy exagerando. Vamos, los invito a jugar un juego: piensen en cualquier cosa que necesiten en su día a día, y que vayan a, no sé, un supermercado, y lo compren. Es muy probable que eso, en mi país, esté escaso. Eso significa que, si hay algo de lo que realmente no puedes prescindir, vas a tener que recurrir al bachaqueo. Es decir —vaya que es complicado explicar la vida venezolana—, adquirirlo de una fuente ilícita por un precio ridículamente alto. O también, en el mejor de los casos —pero no el más barato precisamente— puedes comprar ese producto importado… al dolar negro. Es tan aterrador como suena.

El punto es que, como todo escacea, es de lo más normal que vayas a una farmacia a preguntar por un medicamento y lo más seguro es que se rían en tu cara.

—¡Eso no llega desde hace meses!
—¿Tu eres loca, chica? ¿Quien te mandó a buscar eso?
—Vaya cavando el hueco donde se va a lanzar, porque eso no lo vas a conseguir nunca.

Ahora, imaginen un escenario donde… si no toman cierto medicamento, van a —sin desearlo— traer una criatura inocente al mundo, a este mundo horroroso, a esta suerte de holocausto moderno. Ajá, no es una buena idea. Allí el origen de mi decisión, y asumo que ya saben por donde van los tiros.

Si hay algo a lo que una jovencita de 21 años como yo le teme, es a un embarazo no deseado. No sólo frustraría gran parte de los planes que he construido y por los que he trabajado desde hace mucho tiempo, sino que, en medio de la situación político-económica en la que se encuentra Venezuela, dar a luz a un bebé sin estar preparado es casi un suicidio. Y como yo no quiero —al menos por ahora— nada de pataditas en mi vientre o lloriqueos de bebé en medio de la noche, tomé la decisión de renunciar a parte de mi humanidad para asegurar que un bebé no crezca dentro de mí por los próximos 5 años. Así es, señores, el 1% de de robot que tengo ahora se llama Jadelle, y es un implante subcutáneo anticonceptivo.

¿Qué es Jadelle?

Si han visto las películas de Iroman, seguramente sabrán quien es Jarvis —ahora se llama Friday, porque Jarvis se convirtió en Vision… pero ese no es el punto—, la conciencia artificial que funciona como asistente personal de Tony Stark. El trabajo de Jarvis, en general, consiste en mantener a Tony a salvo de posibles riesgos. Bueno, más o menos así funciona Jadelle, sólo que el único riesgo de que va a protegerme es del riesgo de embarazo… con 99,2% de efectividad.

JADELLE es un preparado anticonceptivo con sólo progestágeno para uso a largo plazo (hasta 5 años), que se inserta debajo de la piel. Este producto está indicado para prevenir el embarazo.”, según Sopecard: Bayer HeathCare.

Sacando cuentas

Para Julio del año 2017, cada preservativo —de marca decente— cuesta alrededor de Bs. 2.000, 00 cada uno. Una pareja que mantenga relaciones sexuales al menos una vez por semana tendría que invertir alrededor de Bs. 8.000,00 cada mes… sólo en preservativos. Y he de recordarles, porque me siento responsable de dar la noticia a todo aquel que no lo sepa: cuando se mantienen relaciones sexuales más de una vez por semana usando como único método anticonceptivo el condón, los riesgos de embarazo son considerablemente altos. Esto no lo inventé yo, no lo leí en un foro cualquiera. Fue una conclusión hecha a base de investigación y consulta a expertos. Uno siempre tiene que estar consciente de los riesgos que corre cuando los corre. Especialmente porque, si después te pasan las cosas, ¡qué chimbo!

Así que, aun invirtiendo aproximadamente Bs. 96.000,00 anualmente —y esto tan siquiera sin considerar que la inflación hace que los precios suban todos los días, y que puede que mañana el preservativo cueste dos o tres veces lo que cuesta hoy—, las posibilidades de un embarazo no deseado siguen siendo considerablemente altas.

Entonces uno se lo piensa… ¿vale la pena gastar entre Bs. 250.000,00 y Bs. 300.000,00 por cinco años de protección con un margen de error del 0,8%? Si tomamos en cuenta que esos Bs. 96.000,00 hay que multiplicarlos por 5 —años—, lo cual sumaría un total de Bs. 480.000,00… uhm, bueno, no es que uno deba ser pichirre con la salud, ¡pero por ese precio cualquiera se lo piensa!

Pero no debemos pensar sólo en dinero para tomar la decisión. Hay muchos factores que influyen: desde las recomendaciones de tu ginecólogo hasta tus intereses personales. ¿Estás en una relación estable? ¿Tienes antecedentes de trastornos hormonales? ¿Realmente quieres no tener hijos en los próximos 5 años? Tan solo una de las respuestas a cualquiera de estas preguntas puede definir el hecho de si debes o no optar por un método anticonceptivo subcutáneo como Jadelle.

En cualquier caso, este par de barritas —que una vez introducidas en tu brazo puedes tocarlas y se sienten súper rarito debajo de la piel— son una de las mejores opciones anticonceptivas para la población femenina venezolana. Y aun así… es a la que más le temen todas las mujeres.

¿Por qué todas le temen?

Cuando comencé a pensar en la posibilidad de usar un implante anticonceptivo subcutáneo, mi primera reacción fue hacer un sondeo de opinión. Lo primero que hice fue buscar en la red. Resultados: en su mayoría, opiniones positivas… aunque en una buena porción de los casos había aumento de peso de por medio. Decidí proseguir en la investigación y consultar a mis fuentes vivas más cercanas: amigas y familia. Literalmente, todas arrugaban la nariz cuando les hablaba del implante. ¿La razón?

-Ehm, una prima me contó que engordó buuurda con eso.
-Mi mejor amiga se lo puso, y tuvo que quitárselo porque le dio una infección.
-Mi tía se lo puso hace un año y le creció una trompa de elefante en la frente.
-Sé de alguien que se lo puso, y a los tres días fue víctima de una posesión satánica.
-Nah, eso a mi me da miedo.

Miedo generalizado. Si bien entendía que es un método anticonceptivo un poco más invasivo de lo que puede ser, no sé, digamos, las pastillas o el condón, no podía entender porqué había tanto miedo místico alrededor del implante anticonceptivo subcutáneo. Si hasta el nombre de Jadelle suena de lo más simpático. Decidí preguntar a mujeres que ya hubiesen utilizado. Allí cambió por completo el panorama: ¡la maravilla! Sin molestias, sin contratiempos y sin, gracias a Dios, embarazos. Los kilitos de más, bueeeeno, es algo con lo que se puede lidiar si tienes fuerza de voluntad y te dedicas a comer sano y hacer ejercicio de forma casi permanente.

Entonces, ya tenía una idea de lo que pensaba el mundo, la sociedad venezolana y las usuarias de Jadelle. Sólo me faltaba una última pieza en el rompecabezas: la aprobación médica.

Todo lo que debes saber (más allá del mito) de Jadelle

Yo creo en la medicina. Siempre he pensado que no hay diagnóstico de Google que pueda competir con una buena consulta profesional. Por eso, decidí consultar con un ginecólogo. Tras oír mi historia clínica, me autorizó a hacerlo. Sin embargo, me obligó a que antes me asegurara de conocer todos los detalles del procedimiento, incluyendo posibles efectos secundarios y síntomas de complicaciones.

Me pasé un buen rato buscando y comparando antes de dar con el sitio web de Bayer, donde se expone a detalle toda la información pertienente relacionada con Jadelle.

Decidí hacerlo

Hice mi tarea de investigación, consulté a un especialista, lo medité con mi almohada… y sólo entonces, después de tanto pensarlo, me decidí a optar por Jadelle.

Sin embargo, como de sólo intenciones no se logran las cosas, tuve más inconvenientes. El dinero, por ejemplo. En ese momento, ni de chiste tenía suficiente para gastar Bs. 250.000,00 de un sólo golpe. Necesitaba opciones… y vino a mí un ángel de la suerte. Una amiga tenía el plan de colocárselo en un sitio llamado PLAFAM (Instituto de Planificación Familiar), pues allí, supuestamente, tenían precios solidarios. ¡Listo!

Todo parecía tan fácil… hasta que llegó el día, y la cola para pedir tan siquiera una cita ginecológica superaba las 150 personas. “No lo lograremos”, pensé. Y en el fondo, me sentí aliviada. Lo admito, seguía sintiendo algo de miedo de hacerlo. Miedo a que me doliera, miedo a engordar, miedo a que cualquier cosa saliera mal.

Mi amiga y yo hicimos alrededor de 5 horas de cola fuera de PLAFAM. Y esto tan sólo para ver si teníamos la oportunidad de tomar una cita. Verán, yo no suelo hacer colas. No me gustan, me hacen sentir humillada. Pero, en un mundo donde Jadelle te cuesta entre Bs. 250.000,00 y Bs. 300.000,00 y PLAFAM te lo ofrece por tan sólo Bs. 90.000,00… no me iba a mover de allí si tenía al menos una mínima oportunidad de poder colocarme mi versión anti-embarazos de Jarvis.

En todo ese tiempo, mi amiga y yo hablamos de nosotras, de nuestras vidas, de nuestras relaciones amorosas, de la familia, de los amigos, del significado de la vida… y eventualmente iniciamos una conversación con otras mujeres de la cola. Vaya que ese fue uno de los momentos más gratos de la experiencia. Cada una me contó con detalle de su vida con Jadelle —o Implanon, muchas de ellas usaban Implanon antes—, y eso me hizo sentir un poco más segura. Sobre todo, cuando una de ellas empezó a hablar del embarazo y el parto de su primer hijo: dolor, sangre, más dolor, la transformación en bestia salvaje… sí, bueno, después de oír eso, la idea de quedar embarazada se convirtió casi en una fobia.

En ese punto, yo ya estaba casi segura de que no lograríamos ponernos el implante, pues había demasiadas personas y lo más probable era que mi amiga y yo quedáramos fuera de la lista. Pero, contra todo pronóstico, lo logramos: fuimos las últimas dos personas de la lista de pacientes. Y allí estaba yo: esperando mi turno mientras veía sin ver realmente una película acerca de la —primera o segunda, ni dea— Guerra Mundial en Cinemax. Por lo menos estaba mucho mejor que leer ediciones de la Vanidades del 2001. Tanta muerte y tragedia me hizo ponerme a pensar en lo mucho que seguramente dolía que te introdujeran ese implante anticonceptivo subcutáneo. Pensé en huir. Aún estaba a tiempo.

Es por eso que, cuando finalmente fue mi turno y me atendieron, quedé incluso un poco decepcionada: cero dolor, cero sangre, cero eventos traumáticos en la vida de Valentina. Fue anestesia, respira profundo y Chao. Así de sencillo. “Déjate la venda al menos 24 horas, y luego ponle una curita. Aquí está tu tarjeta, para que lleves el control de tu implante. Nos vemos en tres meses. Usa preservativo por al menos 20 días más, sólo para estar seguros”.

¿Cómo me va con Jadelle?

Han pasado 10 días desde que me puse mi implante anticonceptivo subcutáneo… y mi vida sigue siendo exactamente igual. Aún espero por mi primer período, pero ya tuve mi típico síndrome pre-mestrual de dramatismo y susceptibilidad emocional. Todo fluye con perfecta normalidad.

El primer día me dolió un poco el brazo, pero el implante no tuvo nada que ver. La venda que me habían puesto estaba tan apretada que me cortaba la circulación. Actualmente ya no me molesta casi nada, está cicatrizado, pero como soy toda una dramática y me da miedo todo, aún sigo sin reanudar las rutinas de ejercicios para brazos. Por lo demás, me saco la chicha cada vez que quiero porque NO VOY A PONERME GORDA. YO NO VOY A ENGORDAR. NO.

Y hablando de kilos, con respecto a la ansiedad, no ha sido particularmente insoportable. Se mantiene igual que siempre. Momento de confesarme: soy una gordita mental. Siempre estoy pensando en dulces, torta de chocolate, hamburguesas y pizza. En caramelos, en helado. En papas y yuca frita. Comer es casi una pasión para mí. Sin embargo, desde que comenzó mi vida con Jadelle, tengo una especie de sensor anti-gordita. Cada vez que voy a perder el control, pienso: “Es por Jadelle, ella quiere que comas. No, deja eso. No compres esas tortillitas Jacks. Suelta ese pedazo de torta. Sírvete menos arroz. Sé fuerte, no quieres engordar”, y se me pasa. Santo remedio. Para bien o para mal, el miedo es mi herramienta.

¿Recomendaría Jadelle a otras mujeres?

Yo no soy médico, y ya les dije lo mucho que creo en la medicina especializada. Consulta a su ginecólogo, y éste te dará mejores instrucciones. Yo sólo puedo hablar por mí, y a mí me ha ido bastante bien hasta el momento. Ya les hablaré en un próximo post acerca de si los mitos que versan de los métodos anticonceptivos subcutáneos son reales o no.

¡Cuenta tu experiencia!

¿Has usado alguna clase de método anticonceptivo subcutáneo? ¿Sabes algo de ellos? Allá abajo tenemos una caja de comentarios esperando ser nutrida con tu opinión. Háblame de tu experiencia o la de alguien que conozcas, y no dudes compartir este material con quien creas que le haga falta.

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¡Nos vemos (leemos) en el siguiente post!

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