Carpeta Amarilla
Celos de quien sea

Acerca de los celos

Julio 7, 2017 por

Me niego a que me llamen la cuaima loca, aunque mi primer nombre suene muuuy parecido (Iraima). Me niego, dije. Lo repito. Aunque… sí, bueno, me molesta que las personas que amo no sean MÁS QUE MIAS Y SÓLO MÍAS POR EL RESTO DE SUS VIDAS, EL UNIVERSO Y LA EXISTENCIA.

Y esa, damas y caballeros, es la demostración de una indudable y desatada cuaima loca en negación.

Ciertamente, el corazón del ser humano es chiquito y débil. Para bien o para mal, es todo necio y tiene muy mal carácter: no le gusta compartir las cosas a las que está fuertemente ligado. En realidad, lo entiendo. Es como cuando alguien te regala un chocolate. Es dulce, te gusta, quieres comérmelo tú solo… y entonces sale cualquiera preguntando: ¿me das un pedacito? Y tú, como has sido adoctrinado por una sociedad en la que está mal visto el egoísmo, de mala gana regalas un cuadrito. El más chiquito. El más feíto. El que “al cabo que ni querías”.

Mi cara cuando siento celos de algo

Los celos son ese “no quiero compartir mi chocolate, pero igual lo hago” de las relaciones humanas. Por siglos, este sentimiento ha sido castigado y ridiculizado como uno de los más absurdos que existen y, aunque me reservo —por ahora— mi opinión acerca de ellos, me parece que hay algo bastante claro con respecto a ellos: no son ajenos a nadie.

¿Qué son?

Una vez alguien me dijo que los celos eran como pequeños enanitos verdes que van sembrando dudas en tu cabeza hasta que acabas por desquiciarte. Puede que esa explicación deje mucho que desear para los grandes expertos en el tema, pero a mi me ha funcionado para entender —y canalizar— lo que siento cuando yo misma empiezo a ponerme tan verde y malumorada como los enanitos.

Sin embargo, como soy fiel creyente que aquello que está sustentado en conocimiento teórico tiene mucho más valor que la mera opinión, hice algo de investigación blogerística al respecto. Basta con decir que la definición de la Real Academia Española es, como siempre, precisa… muy precisa, hasta el punto de convertirse en escueta.

celo
Del lat. zēlus ‘ardor, celo’, y este del gr. ζῆλος zêlos, der. de ζεῖν zeîn ‘hervir’.
1. m. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo.
2. m. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.
3. m. Envidia del bien ajeno, o recelo de que el propio o pretendido llegue a ser alcanzado por otra persona. U. m. en pl.
4. m. En los animales, apetito sexual.
5. m. Época en que los animales experimentan el celo (‖ apetito sexual).
6. m. Período del ciclo menstrual de la mujer en que se produce la ovulación.
7. m. pl. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.

Por otro lado, hay una que me gusta mucho más. Surfeando en la red, me encontré con un artículo de Vix que me pareció bastante más acertado. Habla de los celos como una especie de mecanismo de defensa, como una forma de no perder aquello que quieres. Empecemos por decir que lo contextualiza en el aspecto romántico, porque es donde más se suelen hacer presentes, pero yo creo que eso podríamos aplicarlo a casi cualquier ámbito de la vida cotidiana.

¿Cómo lo veo yo?

Volvemos a la cuestión del chocolate —sí, lo sé, soy demasiado gordita mental— y analicemos a fondo la situación. No quiero que mi chocolate se acabe, porque siento que no quedaré satisfecha si alguien más se lo come. De la misma forma, no quiero que alguien más tome lo que es mio —el cariño, afecto o atención de otros—, porque entonces no quedará nada para mí. Y yo lo quiero todo para mí, porque soy un ser humano y los seres humanos somos egoístas por naturaleza.

Siempre he pensado que los celos, al menos en pequeñas cantidades, son románticos. Que alguien te cele significa que le importas lo suficiente como para no querer compartirte, como mi chocolate. O, bueno… eso pensaba yo hasta que Lifetime me dañó. ¿Conocen ese canal de televisión? Transmite programas de estilo de vida y películas domingueras donde siempre hay alguien con instinto asesino.

La película de hoy fue, ¿cómo decirlo sin sonar pesada? Bueno, nefasta. Sin embargo, me funcionó para ilustrar esa parte de los celos que a veces prefiero olvidar porque no es romántica… y yo prefiero, casi siempre la concepción romántica. El nombre de la película era “Esposa desconocida” y se trataba de una mujer (Georgia) que se casa con un tipo guapo (Ryan) —guapísimo, musculosísimo, riquiquito, divino, papirrín… eh, sí, lo siento— y luego piensa que él le está siendo infiel con una compañera del trabajo con la que se llevaba muy bien. En cierta forma, mentiría si dijera que no sentí al principio algo de empatía por Georgia. Yo misma he estado allí, y aún estoy tratando de lidiar con mis celos. Les prometo que ese chisme se los cuento más adelante, pero vamos por partes. El punto de todo esto es hablar de lo que hizo Georgia con su sentimiento: mató a la compañera de trabajo de Ryan, e intentó matarlo a él luego.

Jeje, no. Yo no voy a ir a matar a nadie. Allí fue donde dejé de simpatizar con ella…

… y ya me estoy yendo del tema otra vez.

EL PUNTO ES —esta vez sí— que los celos, como sentimiento, son una cosa. Otra muy distinta son las acciones que llevas a cabo por el sentimiento. Creo que ahí es donde debe comenzar el verdadero juicio de valor.

Celos y envidia: ¿son lo mismo?

Antes de comenzar un juicio acerca de lo bueno y lo malo, deberíamos asegurarnos de distinguir bien qué casos son aplicables en este tribunal. Considero prudente que hay que dibujar de entrada una línea entre los celos y la envidia, porque para mí son dos cosas muy diferentes. Yo lo veo así: cuando siento envidia, me siento patética e infeliz; cuando siento celos, me siento humana. Sí, he sentido de ambas… y en proporciones bastante menos favorecedoras de lo que quisiera admitir.

Según Hernancito, mi amigo de Vix que habla de qué son los celos y por qué los sentimos, los celos son una reacción natural al miedo de perder algo. Mi chocolate, señores, ese es el ejemplo perfecto. Por otro lado, la envidia nace de eso que tienes dentro de ti —que todos tenemos— que te hace sentir infeliz cuando alguien consigue algo que tú quieres. O que no quieres, porque ese escenario también es de lo más común.

Persona A logró algo, y persona B no ha logrado nada. El logro de A no tiene nada que ver persona B, nunca ha sido una de sus aspiraciones o metas, pero cuando A lo logra, B siente que merece aquello por encima de A. Allí nace la envidia. Eso, en cualquier contexto está mal y, aunque no puedo decir que me he curado del todo de ella —y el que lo haya hecho que arroje la primera moneda—, trato de no dejar que este sentimiento me haga hacer o decir cosas de las que me arrepienta.

Por otro lado, los celos, al menos a mí, me han ayudado con algunas cosas. Creo que está de más decirlo —porque lo digo siempre—, pero soy una persona a la que le cuesta mucho expresar sus emociones. Normalmente me guardo todo para mí misma, y dejo que todo ese caldo de drama hierva y se concentre hasta el apocalipsis. Peeero, cuando siento celos, casi nunca puedo controlarlos. Cuando estoy celosa, me torno alguien mucho más transparente y sincera. Gracias a mis celos, y esto suena hasta absurdo de decir, he solucionado bastantes problemas en mi vida… y más ahora que hay gente en mi vida que ve a través de mis mentiras y no me deja manipular a todos a mi antojo.

No me dejan manipular a mi antojo

El problema de los celos

Ciertamente te hacen cometer los actos más mariquiquis que te puedas imaginar, peero… tampoco son para tomárselos a la ligera. Tal como le pasó a Georgia, los celos pueden llevarte a cometer las peores barbaridades, desde nimiedades como revisar el Whatsapp de alguien hasta seguirle la pista para ENCONTRAR A SU AMANTE FANTASMA Y ASESINARLOS A AMBOS MIENTRAS CONSUMAN SU AMOR EN TU PROPIA CAMA.

Como todo en la vida, hay que tomárselo con calma. Chill. Despacito.

Hay que entender que, de entrada, los celos son una manifestación de cierta inseguridad crónica que debe ser resuelta a como dé lugar. Mata a la culebra por la cabeza mirándote a ti misma en el espejo y diciendo: “Merezco a quienes me aman, y ellos me merecen a mi. Yo valgo para mi y para todos los demás que están en mi corazón”. Suena muuuuuuy mariquito, pero —les juro que— funciona. Ese es un buen paso.

El chisme prometido: mi caso personal

Tengo novio desde hace poco, y me estoy acostumbrando a lidiar con cosas con las que antes no tenía que lidiar. Una de ellas es este tema de los celos, precisamente. Yo soy apegada a las personas que quiero. Una vez que creo un vínculo, cortarlo es muy difícil para mi. No hace falta que vuelva de nuevo sobre el ejemplo de mi chocolate, y lo mucho que odio compartirlo.

Yo sé que cada quien tiene su vida, sus amigos y sus responsabilidades… pero el hecho de no tener el control me pone los nervios de punta. El hecho de no saber qué anda haciendo David todos los días en la oficina, por ejemplo, donde podría haber personas que me desplacen, me descoloca. Sentirme amenazada me descoloca, de hecho. Me hace enojar, no me gusta, me roba la paz. Y cuando Valentina Andrade no está en paz, puede convertirse en una perra demente. ¿Vieron cómo empecé a hablar de mí en tercera persona? Háganse una idea.

Sin embargo, como soy una adulta —sí, bueno, no— me ha tocado aprender a lidiar con esto.

¿Cómo lidiar con los celos?

¡Buena pregunta, señores! Si lo supiera, creo que mi vida sería mucho más sencilla. Sigo sintiendo celos en todas direcciones cada día de mi vida: celo a mis amigos de otros amigos, celo a mi mami de mi hermana, celo a mi novio de otras mujeres, ¡hasta celo a Uvita porque a veces siento que quiere más a otros que a mí, que soy su madre!

He hecho algunas cosas que me han sido de ayuda y otras que me han saboteado terriblemente. La honestidad, por ejemplo, es una excelente medicina. La ira e impulsividad, por otro lado, no lo es. Lo único que puedo recomendar es que confíes en tu persona y en quienes cada día ponen su corazón y su espíritu al servicio del tuyo. Los que aman merecen ser amados, y los que no… bueno, siempre hay quien los ame, pero todo ese cuento viene con mucho drama y lágrimas y se supone que esta entrada está a punto de terminar con una nota alegre y optimista.

En conclusión: vive, siente, ama muchísimo a tu gente. Y si te sientes mal, triste o enojado con respecto a algo, habla de ello. No optes por el silencio. Antes de dejar que el chocolate se derrita, mételo a la nevera.

¿Se entendió la metáfora?

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Woho

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