Carpeta Amarilla
La distorsión de los medios de comunicación en Venezuela

Los medios de comunicación y Venezuela: otra distorsión ideológica

Julio 4, 2017 por

Hace cientos de años, antes del surgimiento de los medios de comunicación masivos —digamos, por poner una fecha, la Edad Media—, la sociedad era un constructo mucho más sencillo de lo que es hoy. El llamado “presente social”, aquel concepto abstracto según el cual todos pensamos en un mismo tema —Game of Thrones, por ejemplo— en un momento determinado,  no se concebía ni por asomo como se hace en la actualidad, sino que se limitaba a aquello que los ojos y oídos de las personas podían percibir. Los mortales, incapaces de ver más allá de sus narices, estaban informadas de lo que sucedía en sus casas, en sus calles, o a lo sumo —en caso de los comerciantes, monarcas y personalidades muy específicas—, lo que sucedía en sus pueblos.

Sin embargo, en la actualidad, esa dinámica ha ido cambiando. Ya no hace falta que seas comerciante o rey de una comarca para estar al tanto de lo que sucede a tu alrededor. Y sí, un alrededor mucho más expandido. En su libro “Homo videns: la sociedad teledirigida”, Giovanni Sartori (2002) hace alusión a ese mito comunicacional que McLuhan presentó en el siglo XX: la aldea global. Toneladas de información, proveniente de todas partes del mundo, pasan frente a los ojos de cualquiera y pueden ser asimiladas en menos de tres segundos: desde los conflictos socio-políticos en Siria hasta el crecimiento económico de Colombia, estas piezas micro o macro informativas son absorbidas e interpretadas —con ciertas cargas ideológicas, que pueden ser propias o del mismo medio que difunde la información—, y ésta les permite analizar y generar una opinión al respecto. De esta forma, los medios de comunicación —tanto los tradicionales como las nuevas tecnologías de información y comunicación—, se convierten en los actores principales que “unen los tejidos de los parches que llamamos globalización” (Stevenson, 1998, p. 185).

Pero, ¿qué sucede cuando los medios de comunicación no hacen su trabajo de agujas? ¿Cuándo fragmentan la realidad y no muestran lo que hay más allá de las narices de los usuarios? Se genera la distorsión.

Desde hace más de 90 días se vive en Venezuela un movimiento social que ha llevado a los ciudadanos a las calles: exigiendo condiciones mínimas necesarias para vivir, desde alimentos y productos de primera necesidad en los establecimientos comerciales hasta espacios donde puedan asegurar su integridad física y la de sus posesiones materiales, los venezolanos salieron a protestar en gran parte de todos los estados del país.

Pese a que estas protestas han sido de cobertura incluso internacional, muchos de los venezolanos aún ponen en tela de juicio la gravedad del asunto, hasta el punto de mostrarse indiferentes ante la situación o incluso tachar de “exageradas” o “falsas” diversas noticias publicadas en el exterior con el nombre de Venezuela como protagonista. En este momento, la opinión pública con respecto a estos movimientos —que han desencadenado reacciones violentas desde ambas trincheras, tanto de los partidos de oposición como el gobierno de turno— se encuentra fragmentada y esto se debe, en gran medida, a la falta de cobertura —o cobertura parcializada— de los eventos que le han quitado el sueño —o arruinado la tarde, por lo menos— a más de un venezolano.

Ante el silencio o desaparición de medios que gozaban de alta credibilidad y autoridad en el país, la percepción de la realidad se fragmentó en dos universos paralelos completamente distintos. Por un lado, en uno de ellos la situación económica, política y social está en su mejor momento, y los distintos problemas a los que se enfrenta —con fiereza, valentía y coraje— el gobierno venezolano son sabotaje de un partido político radical. Y por el otro, la ineficiente gestión por parte del gobierno es culpable hasta de los perritos en situación de calle.

En la suma, al no poder contar con un medio que ofrezca una interpretación de la realidad lo suficientemente imparcial y balanceada, cada persona se suscribe a los mensajes de los medios que se ajustan a su ideología y forman sus opiniones a partir de ellos. Así que, si bien no hay una respuesta en torno al debate de quién controla a quién —los medios a la sociedad o la sociedad a los medios—, algo está perfectamente claro: en un entorno donde no hay un equilibrio, la realidad no puede asemejarse a otra cosa que una distorsión ideológica.

REFERENCIAS

  • Sartori, G. (2002). Homo videns: la sociedad teledirigida. Madrid: Editorial Taurus.
  • Stevenson, N. (1998). Culturas Mediáticas. Teoría Social y Comunicación Masiva. Buenos Aires: Amorrortu editores.

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