Carpeta Amarilla
Tener tu primera relación

Me puse cursi

Junio 28, 2017 por

Ya sé lo que muchos van a pensar: ¿cómo puede estar esta niña pensando en pajaritos preñados en un momento como éste? ¿Quién tiene tiempo para suspirar por las cosas bellas de la vida cuando afuera de tu ventana hay gente gritando y llorando y sufriendo y muriendo de hambre? ¿Quién puede pensar en algo más que la sangre que se derrama todos los días en la calle? ¿Quién se atreve a estar —o tan si quiera presumir que puede sentirse— feliz en la situación que nos encontramos todos los venezolanos?

Pues, yo. Yo puedo. Hoy lo hice. Hoy me puse cursi y decidí dejar de lado que mi país se cae a pedazos, que al menos 79 personas mueren en manos del resentimiento y la sinvergüenzura, que hay personas que a esta hora del día ni siquiera han desayunado… para darme un pequeño momento de felicidad personal. Y es que hoy, y perdonen que haga tanto énfasis en hoy, hace cinco meses, me pasó algo bueno. Algo que tenía mucho tiempo esperando y que, sin siquiera imaginármelo, cambió mi vida radicalmente.

El 28 de enero del 2017 inicié formalmente mi primera relación amorosa con alguien. Dicho en criollo: mi novio y yo cumplimos 5 meses. Puede que para muchos —para todo el mundo, si se quiere— 5 meses no sean nada. Un parpadeo, según esta percepción efímera del tiempo que la literatura moderna, el yoga y los viajes astrales imponen sobre nosotros desde hace más de un siglo. Pero, ajá, saquemos la calculadora:

Calculando cuanto tiempo tengo en mi primera relación amorosa

5 meses son aproximadamente 150 días, son 3.600 horas, son 21.600 minutos o, si prefieren hacer el número más asombroso, son 1.296.000 segundos. Viéndolo en perspectiva, y tomando en cuenta que bastan de 1 a 5 segundos para perder la vida, superar un miedo o tomar una decisión, en 1.296.000 segundos pueden pasar bastantes cosas interesantes.

Pero, bien, entiendo a todo aquel que piense que “ahora es que falta”, pero yo no puedo evitar sentirme con el corazón calientito por eso. Y como para mí esto significa un montón —y básicamente porque quiero hacerlo, y este es mi blog— les contaré toda la historia. Por primera vez. En exclusiva. Sin mentiras ni maquillaje. Asumiendo toda la culpa por haber mantenido esto oculto para más de uno durante un largo tiempo, porque soy bien ridícula y no me gusta hablar tanto de mis cosas personales.

El remitente de mi carta

Hace unos cuantos meses, casi un año -creo- escribí una carta para una persona que todavía no conocía. Fue una época de mi vida en la que me sentía, bueno, hora de admitirlo, un poco sola. Por andar leyendo novelas románticas —por coñazo— comencé a preguntarme cómo sería esa persona especial que el universo estaba preparando para mí. Ciertamente me había sentido atraída por muchas personas antes, como no, pero nunca sentí que aquello fuese lo suficientemente fuerte -y… bueno, mutuo- para hacer algo al respecto.

Y entonces, apareció este jovencito: David Lyon. Vayan a stalkearlo en Facebook. Comparte unos memes que son ORO PURO. Es gracioso, porque ya lo conocía desde hace tiempo, pero nunca antes me había parecido alguien ni siquiera remotamente atractivo. Era una de esas caras que recuerdas sólo cuando están ahí, y que figuran en una parte muy específica de tu vida… y ya. Nada más que eso. Si le hubiese contado a la Valentina de hace un año todo lo que su yo del futuro hace ahora, probablemente se hubiese reído en mi cara. Empezando porque esta Valentina, toda linda e inocente, pensaba que moriría sola, con una cuarta o quinta generación de Uvita como única compañera de vida.

Envejecer criando perros por fallar con tu primera relación

Creo que ni él ni yo estábamos realmente conscientes de lo que estaba por suceder hasta el día en que sucedió. Hasta La la land. Tengo algo que confesar: lo manipulé de todas las formas posibles, le lancé todas las indirectas que pude, para que me llevara a ver esa película. En parte, porque de verdad quería que me invitara a salir; en parte, porque el cine está súper caro y yo no tenía ni un bolívar para ir a ver esa película —que realmente deseaba ver— en la pantalla grande.

Así que nos fuimos los dos, el rebelde él y la inocente yo a ver una película romántica con toda la intensión de que, finalmente, algo sucediera entre los dos. Y vaya que sucedió: un beso poco antes de que comenzara la película me hizo entender que, de verdad, la gente puede llegar a temblar de emoción. Por suerte, hacía suficiente frío en la sala de cine como para echarle toda la culpa.

-¿Por qué tiemblas?
-No estoy temblando.
-Ajá…
-Bueno, ok, estoy temblando. Tengo frío. ¿Tú no? ¿Será que la gente de este cine no sabe que aquí dentro hay personas?

¿Quieren saber lo peor? A pesar de ese beso en los primeros minutos de comerciales de La la land, a pesar de la tembladera de la sala de cine, a pesar de un regreso a casa en el que sólo nos miramos a los ojos en la oscuridad de un taxi del Sambil… yo estuve a punto de equivocarme. De dejarlo ir. ¿Por qué? Porque me gusta el drama, señores, porque era demasiado perfecto para ser cierto, y yo necesitaba cagarla un poquito a estas alturas de la historia.

Bastaron 48 horas para darme cuenta de que, aunque sabía que iba a ser un poco —esta bien, muy— problemático, yo quería estar con él. Vaya que tenía razón… en las dos cosas.

No todo ha sido perfecto

Quien me conoce, lo sabe: tratar conmigo no es fácil. Tengo cambios de humor, soy frágil y me deprimo con mucha facilidad. Me gustan las cosas a mi modo o no estoy feliz, pero tampoco lo manifiesto abiertamente. Necesito que lean mi mente, porque me cuesta expresar mis sentimientos. No sé interactuar con las personas de otra manera que no sea prediciendo lo que van a hacer o decir o manipulando a quien sea para que haga, diga o se comporte como yo quiero. También tengo un problema con la sinceridad. Miento, y mucho. Incluso cuando no hace falta hacerlo. En fin, para soportarme, hay que quererme.

Querer a alguien pesado en tu primera relación amorosa

David es igual: para soportarlo, hay que quererlo. Hay que acostumbrarse a él, a sus respuestas inesperadas ante la vida. A veces sólo quieres que sea más —o menos— sensible respecto a las cosas, que sea un poco más empático, que sea más abierto… y otras veces no puedes hacer otra cosa que reír con sus ocurrencias, seguirle el hilo a sus conversaciones extrañas de mundos hipotéticos donde él es el emperador o llorar cuando, de repente, decide decir algo hermoso o abrazarte por detrás sin avisar.

Esto va a sonar súper cliché: somos personas muy diferentes. Más de lo que siquiera están suponiendo. No tienen idea. Incluso en lo que coincidimos, discrepamos. No vemos las mismas series, no disfrutamos los mismos libros, ¡ni siquiera compartimos la misma idea de lo que debería ser la vida! Nuestras diferencias van más allá de la edad, los gustos, el carácter y hasta la crianza. Y aún así, nos pasan cosas como que enumeramos en el mismo orden la lista de dulces o chucherías que queremos comer ese día, tenemos la misma idea a la vez o nos sorprendemos cantando la misma canción entre susurros. Si algo he aprendido de estos 5 meses, es que las cosas son mucho más divertidas cuando tienes alguien con quien discutirlas. Y bueno, puede que te veas a ti mismo algún día, como yo, debatiendo la factibilidad de adoptar niños para introducirlos en el mundo del modelaje y hacer millones.

Aprender del otro

Creo que las relaciones humanas no tienen sentido alguno si no te hacen crecer como persona. Después de todo, quien entra en tu vida, quien de verdad lo hace, no pasa por ti sin dejar una huella, sin hacerte cambiar un poco quien eres. Esto no tiene porqué ser algo malo. Mentiría si dijera que soy la misma desde que estoy con David. Hay cosas que han dejado de importar tanto y otras tantas que, al contrario, han adquirido un muy importante y significativo valor para mi. Era como eso que mencionaba en la carta al amor de mi vida que escribí hace tiempo:

«…estoy segura que el día que aparezcas muchos misterios comenzarán a tener sentido. Entrega, tolerancia, sacrificio; dejarán de ser cosas que me hacen daño a mí para hacer bien a los demás, y se convertirán en cosas que me hacen bien a mí porque hacen bien a los demás.» Puedes leer el resto de esta carta haciendo clic aquí.

Ahora me preocupo más por mi, por lo que quiero y lo que necesito, y menos por lo que los demás necesiten de mí. Creo un poco más en mi y en mi verdadero potencial, pero lucho para obtener lo que quiero. No sólo me quedo sentada, esperando porque la suerte o un supuesto talento que no existe me haga las cosas más fáciles. Miento menos, trato de ser más honesta y actuar desde el fondo de mi corazón. Si quiero hacer algo, lo hago; si no quiero, pues no, y punto. Incluso me concentro más.

Les juro que no estoy tratando de venderles ningún curso de lectura o superación profesional. En serio. No se imaginan la cantidad de cosas buenas que le trae al alma estar enamorada.

Amor de principiantes es de lo más lindo

No cambiaría esto por nada más

Ciertamente ahora paso una mayor parte del tiempo en un estado de expectativa emocional. Antes de comenzar una relación, la tranquilidad era mi plato de todos los días. Pasaba más tiempo dedicada a mis actividades académicas o proyectos de vida, porque no tenía otra cosa en qué ocupar mis pensamientos y mi energía. La gente me quería más, porque les dedicaba más (todo, de hecho) de mi tiempo. Incluso creo que estaba más delgada.

Pero no me arrepiento de nada. Cada cosa mala o sentimiento negativo, al final del día, vale la pena. Cuando veo en los ojos de la persona que amo mis sentimientos reflejados, obtengo la fuerza —y la paciencia, y la fortaleza, y la determinación— que me hace falta para lidiar con los problemas de tener una pareja.

Señores, en este momento, soy feliz. Soy, pese a todo lo malo que pasa en mi vida y en el país, soy genuinamente feliz. No le cambiaría nada a mi relación, ni a David, ni a mi. Como le digo siempre: me amo, y te amo, y nos amo, y quiero que esto siga durante todo el tiempo que la vida o el universo nos lo permita.

¿Te gustó esta publicación?

Puedes conocerme un poco más y leer más de mi material haciendo click aquí

Woho

Comentarios:


    • ¡Muchas gracias! Prepárate para lo que se viene, porque Octubre será un #MesDelTerror. Puedes suscribirte al sitio web ingresando tu correo electrónico en la barra lateral de cada post.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *