Carpeta Amarilla

Dame un abrazo sin que te lo pida

Junio 19, 2016 por

Hay cosas que uno en la vida no puede lograr. Yo por mi parte, nunca podré llegar a ser como tú. Y es muy gracioso que lo mencione, porque todo el mundo decía que uno al lado del otro parecíamos hermanos. No, no vayas inflarte del orgullo; que yo seguiré contándote las canas y despeinándote, ya sabes, solo para hacer que te molestes. O bueno, solo para que uses esa voz de regaño fingido y me pegues en juego, pero demasiado fuerte, y yo tenga que quejarme y decirte “Cónchale, chico, acuérdate que no tuviste varones”. Porque de a ratos se te olvidaba, aunque sé que en el fondo siempre habías querido niñas.

Y ya que hablamos de querer: yo quiero ese mensaje bonito de todas las mañanas, sin falta, que me diga: “Buenos días, hija. Te amo”. Así, seco, sin caritas de whatsapp y una que otra falta de puntuación, ¿pero cómo decirte que la Real Academia de la Lengua Española te llevaría a la horca por tan mala puntuación? Si cada vez que me enviabas una de estas magnificas reflexiones acerca de la vida, de correr, o de lo que sea, te brillaban los ojos con esa timidez del escritor primerizo. Yo se que tu también querías intentarlo, y por esa y muchas otras cosas siempre estuve orgullosa de ti. Es extraño, porque siempre que pienso en ti, a mi mente sólo vienen pequeños detalles, mañas extrañas y dulces, chistes ocurrentes. Tus manos grandes, una versión agigantada de las mías, que se sentían llenas de vida, ganándole la carrera a la muerte, y que encajaban perfectamente al chocarlas todas las mañanas, a plena luz del sol del amanecer de la Caracola. Era algo así como un gesto de camaradería, de complicidad, de algo incluso más íntimo que un abrazo. Ahí estábamos tú y yo, bajando cada quien la velocidad, ajustándose a las condiciones del otro, sólo por un segundo de conexión. Y después cada quien a lo suyo, y después aquí no ha pasado nada.

 Es que no lo sé, siempre pensé que ibas a durarme toda la vida; o al menos ibas a prepararme para todo esto. Se supone que yo debo ser el hombre de la casa ahora, ¿no? Soy la única que puede cargar las bolsas pesadas, subir las maletas por las escaleras sin ayuda y sacar la basura sin quejarme, ¿entonces por qué no estoy haciendo las cosas bien? Sé que tampoco estoy poniendo de mi parte, y que meto mi cabeza en libros de texto y tonterías de Mauro Wolf y la Teoría Crítica sólo para no darme cuenta que aquel mensaje de “Buenos días, hija. Te amo” ya no me llega todas las mañanas. ¿Por qué yo nunca te contesté que también te amaba? ¿Así, con todas las letras? Lo lamento, papá, lo siento mucho. Y quiero que sepas que todas las veces que no le puse atención a los mensajes que me mandabas para corregir —lo admito, a veces ni siquiera los leía completos—, que tuviste que enviarme textos diciendo “Ven y dame un abrazo, pero sin que yo te lo pida” porque yo no lo hacía, que te llené el carro de tierra con mis patines y luego no te lo limpié, lo hice pensado en que tiempo nos quedaba de sobra, y que podía retrasar esa llamada que hacías todos los días, justo a la hora de la novela, eternamente.

¿Ves que no puedo recordarte de otra manera, sino puros fragmentos? Es que tenías tantas caras como un Adivina Quién: eras héroe, eras deportista, eras escritor, eras un santo, eras un líder, eras el mejor amigo de todos, eras el papá de los helados, eras mi papá. Y te extraño, te extraño tanto que no sé si quiero volver a la Caracola a patinar sin ti. Pero sé que eso es justamente lo que no quieres que diga, y que nunca pare de patinar, o de hacer música, o de escribir, o de estudiar, porque sanes que son las cosas que amo. Y hoy no tienes que mandarme un mensaje desde la habitación de al lado, porque sé exactamente lo que tengo que hacer.

Te amo, papi, yo también te amo. El abrazo “sin me lo pidas” te lo debo; pero vamos a dejarlo como para garantía, para asegurar que nos volveremos a ver algún día.

 Por Iraima Valentina Andrade

¿Te gustó esta publicación?

Puedes conocerme un poco más y leer más de mi material haciendo click aquí

Woho

Comentarios:


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *