Carpeta Amarilla

Querido amor verdadero

Febrero 15, 2016 por

Querido amor verdadero,

¿Está mal que te llame de esa forma? Es que llevo mucho tiempo buscándote, si es que todo lo que he vivido hasta ahora puede llamársele así. No sé si he hecho las cosas bien, ¿sabes? Porque a veces cuando creo que voy por buen camino algo pasa, y entonces siento que estoy cada vez más lejos de ti, o bueno, de aquello en lo que debo convertirme para verte. No me malinterpretes, no te estoy culpando por el retraso de nuestro encuentro, incluso en ocasiones llego a pensar que el hecho de te busque y la ilusión de que tú me estés buscando es sumamente infantil. Es sólo que, por pura curiosidad, últimamente me han venido muchas preguntas a la cabeza.

Quiero saber de ti, quiero saber tus fortalezas, tus debilidades, mis oportunidades y amenazas contigo. ¿Te gustan los libros? ¿También piensas que la esperanza ha sido demasiado mal juzgada por la sociedad? ¿Tocas la guitarra? O bueno, lo que creo que realmente quiero saber es, ¿te pareces en algo a lo que he imaginado… o eres alguien totalmente diferente? Quiero decir, si fueras el tipo de persona fuerte y asombrosa, que me protegiera de todo a lo que le temo, sería fabuloso. Pero tampoco me molestaría tener que sanar tu corazón si está herido, abrazarte fuerte para que pares de llorar o abofetearte con todas mis fuerzas, si es que estás haciendo las cosas mal. No me importaría que estuvieses roto, astillado, usado o que fueses nuevo de paquete, porque yo tampoco creo ser perfecta. Vivo cambiando, como todos, buscando quien soy realmente, y tengo que admitir que a veces me babeo mientras duermo. Así que todo lo que seas está bien, en serio, porque tu sola existencia ya es un milagro para mí.

A veces me pregunto, ¿serás uno o varios? Eso es algo que en verdad me angustia y me alivia al mismo tiempo. Me da miedo tener a ambos frente a mí y escoger mal, así como me aterra sólo tener a uno y que se vaya demasiado pronto a ese lugar donde nadie puede llegar sin antes pasar por la tragedia inminente, porque sé lo frágil que es la vida humana.

Pero no creas que pienso sólo en mí. Perdona que sea un poco ciega, si es que ya nos conocimos y no he sido lo suficientemente astuta para reconocer tu rostro entre la gente, si es que mi miedo no me ha permitido acercarme a ti, si es que te rechacé ir y ahora te sientes solo, porque crees que yo no existo. Pero existo, y tú también existes. Sé que al final del hilo rojo amarrado en mi dedo meñique está el tuyo, y no la rama de un árbol. ¿Te lo imaginas? ¿Crees que de verdad exista alguien para el que no haya nada planeado? Admito que algunas veces me he sentido —o me siento— de esa manera, pero luego pienso en que seguro eso te ofendería, y trato de superarlo. No quiero creer que una vida tan solitaria me corresponde, y entonces, aun cuando todos dicen que la esperanza es dañina, sigo guardándola en mi corazón. Porque no creo que me vaya a hacer quedarme quieta esperándote, esperando por siempre inertemente, hasta que aparezcas. Al contrario, es mi esperanza de conocerte la que me hace vivir con más ganas, esforzarme cada día, reír con intensidad, llorar con mezquindad y aprender de toda la basura que cae sobre mí, porque cuando el momento llegue quiero estar lista para ti, y espero que tú también estés listo para mí. Sé que no debo pensar que completarás mi vida, porque el feminismo de hoy en día me obliga a creer que no te necesito para ser feliz, pero estoy segura que el día que aparezcas muchos misterios comenzarán a tener sentido. Entrega, tolerancia, sacrificio; dejarán de ser cosas que me hacen daño a mí para hacer bien a los demás, y se convertirán en cosas que me hacen bien a mí porque hacen bien a los demás.

Sé que existes, y que vas a sacudir mi mundo el mucho o poco tiempo que en esta vida nos corresponda estar juntos. Hasta que ese momento llegue, por favor, espera por mí.

Iraima Valentina Andrade

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