Carpeta Amarilla

Juicio de proporcionalidad (Junio, 2015)

Enero 29, 2016 por

Sólo quería que se lo dejaran más grande, sin importar que el remedio fuese peor que la enfermedad. Pero yo la había parido, así de sencillo; esa era una razón de suficiente peso para que yo supiera, incluso mejor que ella misma, que era lo que quedaba más acorde a las proporciones de su cuerpo. Y estaba dispuesta a intentar respetar su decisión, pero desde el primer momento en que mi hija había dicho qué era lo que quería de regalo para sus dieciocho años, supe que esto acabaría en la Tercera Guerra Mundial.

 Empezando porque el hecho de que gastar tanto dinero en ese tipo de cosas frívolas, cuyos beneficios eran meramente temporales, yo lo consideraba una tontería. Además, era absurdo que las muchachas de hoy en día le dieran tanta importancia a la apariencia, cuando lo importante es lo que hay en la cabeza y en corazón. Pero no, mi visión hippie del mundo al parecer ya no se correspondía con la realidad moderna. Y supuestamente, los beneficios que conseguiría con su asombrosa nueva imagen harían que todo el estrés previo fuese un recuerdo pasajero.

Así que acabé accediendo a regalarle lo que ella quería, como siempre suelo hacerlo cuando se trata de mi niña, e hice un pacto de ficción con la realidad para poder ayudarla a obtener el resultado más adecuado, sabiendo que cualquiera le querría meter en la cabeza que más es mejor. Allí fue cuando comenzamos a pelear de nuevo; obviamente no sólo mis creencias de la vida estaban erradas, sino también mi sentido de la proporcionalidad. Esa muchachita necia seguía insistiendo en que se lo dejaran más grande, que así de pequeño como yo se lo planteaba prefería simplemente no hacerse nada y ya.

Pero yo no iba a mandar a hacerle un bléiser a la medida para que le quedara como una chaqueta de invierno. Como mínimo, quería que al menos le marcara la cintura.

Iraima Valentina Andrade

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