Carpeta Amarilla

El payaso (Septiembre, 2014)

Enero 22, 2016 por

Hacía sus más divertidas piruetas sobre una enorme pelota roja brillante y cuando caía, el público a su alrededor explotaba a carcajadas. Era un payaso, un bufón; la gente se divertía con su sufrimiento. Pero eso era lo menos importante, porque él solo quería ver sonreír a esa preciosa niña rubia al fondo del público,que en silencio sollozaba. Tal vez porque era un payaso, tal vez porque su vida era lo de menos, sus caídas eran un chiste y su dolor, la más divertida de las bromas. Pero la rubia no reía, sin importar cuantas veces cayera al suelo la jovencita seguía viéndolo con ojos tristes, ¿por qué llora la rubia del público? ¿Por qué no puede reírse de lo malo como los otros, del sufrimiento ajeno?

El bufón moriría solo por una sonrisa de ella.

Y por eso intentaría el truco más peligroso, aquel que nadie se atrevía a hacer, porque valoraban más su vida que el entretenimiento: caminar sobre una delgada cuerda a seis metros de altura. El público estaba enloquecido, eufórico, pero la jovencita rubia lucía cada vez más asustada. Su labio inferior temblaba con mayor intensidad a medida que los torpes pies del payaso subían por la escalera hasta la gran estructura de su truco.

Se tambaleó una vez en la cuerda, luego otra. A su tercer paso calló, y el ruido en seco contra el suelo anunció el impacto mortal, trayendo consigo un suspiro de asombro al unísono. El público guardó silencio. Ahora la jovencita rubia gritaba, histérica, corriendo hacia el cuerpo desplomado del payaso.

Él trato de sonreírle pero le dolía, tenía miedo. En ese momento la máscara se cayó. No era solo un payaso, también era humano, pero lo descubrió demasiado tarde. Para el momento en que el que decidió llorar, sus lágrimas se mezclaban con la sangre de sus heridas.

Tuvo que decir adiós, pronto, sin poder apreciar la verdad y enmendar sus actos. Pero no pensaba seguir haciendo sufrir a la rubia del público. Tanteó el suelo, débil, y alcanzó su máscara. No quería que viera la cara de un payaso muerto.

Iraima Valentina Andrade

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