Carpeta Amarilla

Tres cortometrajes que hay que ver

Diciembre 13, 2015 por

Siempre he sido fan de las historias y el simbolismo, como todo el que me conoce sabrá. Es cierto, soy una persona lenta para entender las cosas, pero nada se me hace más apasionante que descubrir lo una obra de arte —literaria, audiovisual, etc— esconde tras sus más obvios trazos. Así que, motivada por este morboso gusto por la búsqueda entre líneas y el hecho de que al menos por los momentos cuento con Wi-fi —OH SÍ—, me dediqué a echarle el ojo a unos cuantos cortos que tenía en lista por ver desde hace tiempo.


El primero de ellos fue “SEED”, cortometraje ganador del Slamdance 2010.

Para los que no lo sepan —yo tampoco lo sabía, sólo busqué en Internet— el Slamdance Film Festival es un, valga la redundancia, festival anual de cine que se enfoca en los cineastas emergentes y en lo que llamamos de este lado del río “películas de bajo presupuesto” creado en 1995. Tienen un sitio web, tienen cuenta en Twitter, tienen cuenta en Facebook, y puedes obtener toda la información que quieras al respecto en Wikipedia, claro, si es que puedes entender un poco de inglés.

Algunos datos de cultura POP: ¿Sabían que Slamdance fue referenciado en la temporada 19 de The Simpsons y el final de Glee? Cool.

Al principio, cuando me enfrenté por primera vez al concepto de un huevito macabro, una manzana poseída y un radio con problemas de identidad, me sentí algo confundida. Como todo ser humano que usa Youtube, inundada por la incertidumbre de saber si lo que yo había interpretado era —al menos aunque sea un poco de— lo que había tratado de comunicar el director, comencé a leer los comentarios.

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La descripción del video lo presenta como: “Éste corto nos muestra de forma siniestra y compleja y a través de la competencia entre una manzana y un huevo por obtener la señal de una radio, la feroz lucha por la reproducción y la supervivencia implícita en la evolución natural”. Y ciertamente algo de eso había entendido yo, aunque sin toda la baggage intelectual necesario para deducir las referencias exactas —lo de la música del estilo oriental y la cabeza de águila que representaba los Estados Unidos— y el morbo de las vaginas y los penes presentes en los comentarios, o bueno, tal vez de lo último si vi un poco. Había una claro conflicto entre dos grandes poderes, que al final acabó por destruir a alguien inocente. Podría ser acerca de una guerra, podría ser acerca de un conflicto económico, incluso podría ser una visión fatalista del resultado de la misma humanidad ante las distintas presiones de la sociedad, pero eso no sería nada más que interpretaciones.

Creo que al final lo genial de este corto, o al menos eso es lo que tiene mayor valor para mí, es la versatilidad del mensaje, que trae como consecuencia las cientos de miles de interpretaciones que se le ha podido dar. Si yo hubiese sido jurado en el Slamdance en 2010 —oh, better keep dreaming—, le hubiese dado el primer premio por esa razón.

El siguiente fue “Vincent (1982)”, de Tim Burton y Rick Heinrichs.

¿Verdad que la voz de la narración es genial? ¿No les pone la piel de gallina la música? Les sorprenderá saber que Vincent Price no es parte de un staff cualquiera que fue electo al azar, sino que cada participante de este corto forma parte de un equipo indispensable con el que Burton tuvo el sueño de trabajar.

Los famosos también son fans: ¿Sabías que Tim Burton siempre fue un verdadero fan de Vincent Price, y que la última película en la que éste actor trabajó fue en Edward Scissorhands?

Vincent es la historia de un niño de siete años llamado Vincent Malloy, que sueña con convertirse en el ídolo del séptimo arte, el actor Vincent Price. La historia está basada en un poema que Tim Burton escribió mientras trabajaba para Disney, en el que queda evidenciado su fanatismo con el famosísimo actor con el que posteriormente trabajaría y increíble Edgar Allan Poe. Tiene los mismos personajes de siempre, de formas exageradas y animación stop-motion, y el estilo oscuro y de aire depresivo que caracteriza a Burton, además una narración rimada que combina la inocencia de la infancia con los tonos aterradores de la locura.

Sí, es genial. Sí, es Tim Burton, cool. Pero, ¿por qué escoger Vincent para esta lista? Creo que sólo hay una razón, y es toda esa mezcla entre lo real y la fantasía. Se podría decir que al principio del corto hay una especie de línea bien clara que define cuál es la vida real de Vincent —su madre, su hermana, su perro, su tía— y qué forma parte de sus alucinaciones de niño fanático. Sin embargo, y a medida que la demencia de Vincent avanza, para él —y para el mismo espectador— es difícil diferenciar, ¿realmente este niño está poseído? Sufre la pérdida de un ser amado, vive en amargura, ¿son esos sentimientos de alguien de siete años? Uno mismo comienza a preguntárselo.

Otra cosa que me gusta del corto, aunque es una visión un poco más personal, es que me hace sentir que la locura que forma parte de las personas es algo del todo cotidiano. Como cuando vas en el metro y está tan lleno que sólo quieres empujarlos a todos para ver como mueren, pero luego te sientes mal por esos horribles pensamientos, y cuando sientes que entras en un espiral de dolor y sufrimiento negro, pero lo que haces es hundirte en un vasito con agua. Al final no creo que Vincent acabe hundiéndose en la locura o la posesión satánica o los ruidos grotescos de una mujer enterrada viva y un perro zombie, sino que despertará, se sacudirá el polvo de las rodillas e irá a obsesionarse infantilmente con otra cosa.

 Y por último tenemos al hermosísimo “El péndulo de la vida (人生の振り子)”,  de Takefumi Kurashina.

Escogí este corto porque, más allá de todas las cosas horrendas que tiene el mundo en el que vivimos, el ser humano tiene derecho a algo maravilloso a lo que no puede negarse: la vida. Éste último corto es una bocanada de aire fresco, cortesía de Kurashina, que nos muestra el tiempo como un péndulo que se bambolea constante y rítmicamente, a pesar de las necesidades y deseos de quienes vivimos.

Es una historia hermosa que retrata a una pareja a través del tiempo, desde el momento en que se conocen, pasando por las dificultades, y hasta su felices por siempre. Habla del cambio, de las situaciones adversas y de lo poderoso que son los sentimientos humanos. Creo que el mensaje de este corto es muy claro para nosotros los seres humanos, quienes sabemos que lo único que tenemos seguro al final del camino es la misma muerte. Se me puso la piel de gallina cuando, cercano el final, el chico sólo quiso que el tiempo parara por un momento, para poder apreciar la verdadera belleza de su vida cuando podía, pero su esposa le hizo ver que lo hermoso de su felicidad era lo efímera que era.

No voy a ponerme aquí a redactar párrafos de autoayuda que servirán para poner en cojines y tarjetas de amor, sino nada más les invitaré a ver el corto. De los tres, creo que es que más me ha tocado el corazón.


OTROS CORTOMETRAJES ASOMBROSOS

Fuera de vista

La versión animada de “El corazón delator” de Edgar Allan Poe.

Umbra / La parte más oscura de una sombra

Destino

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