Carpeta Amarilla

¿Cómo explotar un microondas?

Octubre 29, 2015 por

Lo primero que se requiere es, necesariamente, la inocencia. Nada épico sale de lo esperado, excepto en ciertos casos donde la espontaneidad brilla por encima de la premeditación.

Sin embargo, esta afirmación no descarta el hecho de que todo aquel que se proponga explotar su microondas no pueda hacerlo, porque para lograr algo sólo se necesita perseverancia… pero el hecho de no esperar el BOOM hace que sea todavía más emocionante. Veámoslo como una misión de asalto, donde el elemento sorpresa es crucial.

Además, se requiere de herramientas precisas y una situación, un contexto, una excusa. Para ilustrar mejor la cuestión, hay que plantear un escenario hipotético, digamos, que pueda pasar.

Es domingo en la tarde, no de esos fines de semana en que la gente va a la playa o hace una parrillada con amigos, sino de los que toca lavar la ropa, sacar la basura y bailar con la escoba al son de las canciones de Maelo Ruíz —o alguno que otro merenguito sabrosón— con una cebolla bien montada en la cabeza. Resulta que en la casa hay harina. Sí, la hay, ya sea bachaqueada o producto de uno de esos momentos de suertuda felicidad en que llegó algún producto escaso al supermercado y, como si de intervención divina se tratase, no hay cola y corresponde por número de cédula. Entonces se propone usted hacer una torta, porque no hay mejor forma de perder las últimas horas de libertad antes del tiránico lunes que preparar algo para hacer la semana más llevadera.

Se organiza lo necesario, desde los huevos hasta la batidora, y comienza el largo pero entretenido proceso. Mantequilla, mezclar, azúcar, mezclar, leche, mezclar; así hasta haberlo agregado todo a la poción cruda, espesa y dulce de la felicidad del paladar. Finalmente, después de unos treinta minutos y unas ocho o diez cucharillas en el lavaplatos —porque no es que uno quiera comerse la masa, sino que es un deber, casi un compromiso, asegurarse de que la masa vaya quedando bien—, la torta está lista para entrar al horno.

Pero no. Ha sido demasiado sencillo, y es a partir de este punto cuando las cosas se ponen salvajes. Porque existe algo llamado torta marmoleada, y por razones ajenas al entendimiento humano, suena a buenísima idea convertir la celestial, simple e inocente torta de vainilla en un remedo de vaca. El universo no ayuda, además, y coloca en el camino un pote de chocolate para untar. En la nevera, en realidad, pero a disposición para cualquier loca idea que pueda cruzársele a alguien, como usted, por la cabeza.

Así que, con toda la intensión de la gracia que se convertirá en morisqueta, saca usted el envase de chocolate para untar de la nevera, deposita una buena porción de él en un plato hondo de vidrio y lo coloca dentro del microondas. Dos minutos parece lo más adecuado, por lo que, al ritmo improvisado de los números del aparato, se marca dos-cero-cero-comenzar. Primeros treinta segundos, todo en orden. Un minuto, sin novedad. Ya hay la suficiente confianza como para desviar la atención hacia otras cuestiones, como revisar cuántos likes lleva la publicación de Facebook “Día de repostería :P” y responder uno que otro whatsapp.

Entonces pasa.

BOOM.

¿Quedó claro que la explosión suena más fuerte cuando es inesperada?

Incluso el vidrio se ha quebrado, y ahora parece la ventada de un automóvil después de un accidente de tránsito. Pero no se puede apretar el botón de pánico, no, hay que asegurarse de que el precioso chocolate para untar —que es importado, y que le sigue la corriente a la montaña rusa del dolar— está bien.

Debe proseguir abriendo delicadamente la puertecilla del microondas, y observar detenidamente el estado interno del aparato. Puro daño colateral. Haría falta un buen técnico, pero al menos el chocolate está limpio e intacto, por lo que la misión de la torta remedo de vaca no está del todo acabada.

Al final, todo es todo un asunto de perspectiva, mamá. Puedes castigarme por explotar el microondas si quieres, ¿pero no quedó sabrosa la torta?  

Iraima Valentina Andrade

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